Muriendo está la tarde,
una tarde estival, cálida y lenta
que agoniza sobre los curvos montes,
dejando tras de sí purpúreas huellas.
El sol es una herida
redondamente abierta
en el costado de esta tarde tibia
y pone en el azul manchas sangrientas.
Las vaporosas nubes,
amorfas y grotescas,
semejan gigantescos algodones,
rojizos coágulos de sangre fresca.
Del alto campanario
de la vetusta y gigantesca iglesia,
cual pena hecha sonido,
lanzan las campanas sus notas trémulas,
a la oración tocando
en una grave y prolongada queja.
El aire cristalino
de la tarde tranquila y somnolienta
se puebla de metálicos murmullos
de campanas y de aves bullangueras,
que habitan en los huecos de los muros,
bajo las rojas tejas.
En la cuadrada plaza,
algunos niños juegan
sembrando el suave viento vespertino
de frescas risas y de voces tiernas;
una viejecita, de cabellos níveos
y negra vestimenta,
atraviesa la plaza lentamente
con un cántaro de agua en la cabeza.
Por los lejanos campos
de blanquecinas sendas,
van regresando lentos los rebaños
envueltos entre nubes polvorientas,
con metálica música de esquilas,
cual suave lluvia de sonoras perlas.
Por entre los oscuros encinares,
polvo y sudor sobre su piel reseca,
sobre sus lentas bestias encorvados,
vuelven los segadores de la siega.
La curvatura azul
de las lejanas sierras extremeñas
se va difuminando lentamente
tras una leve gasa cenicienta.
La tarde muere silenciosamente,
su faz azul se tiñe de violeta
y el cielo, antes alegre,
se viste con un manto de tinieblas.
Allá, por el oriente,
ya se asoma la luna amarillenta
con cara de una niña avergonzada
que va, por vez primera, a una fiesta…
Así son los ocasos extremeños,
así mueren las tardes de mi tierra,
dejando en el azul rastros sangrientos
y ,en el alma, una estela de tristeza,
tristeza que es la marca
que queda cuando pasa la belleza
ante un alma sensible
que sabe captarla y comprenderla
y vibra cual junquillo leve al viento,
cual una humana antena...
¡Así son los ocasos
que, con amor, mi corazón conserva!...
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domingo, 10 de julio de 2011
viernes, 15 de octubre de 2010
TODAVÍA...
Yo los siento tan cerca, aunque esté lejos
de esos caros rincones de mi infancia
y aún conservo en el alma la fragancia
de mis tiernos recuerdos más añejos.
Todavía refulgen sus reflejos
y, a pesar de mi ausencia, de mi errancia,
del olvido voraz, de la distancia...,
se convierten en versos sin complejos.
Todavía retengo en la retina
de los ojos del alma aquel paisaje
natural de mi infancia campesina.
Son recuerdos..., ingrávido bagaje
en mi vida foránea, peregrina,
con que rindo a mi tierra un homenaje.
de esos caros rincones de mi infancia
y aún conservo en el alma la fragancia
de mis tiernos recuerdos más añejos.
Todavía refulgen sus reflejos
y, a pesar de mi ausencia, de mi errancia,
del olvido voraz, de la distancia...,
se convierten en versos sin complejos.
Todavía retengo en la retina
de los ojos del alma aquel paisaje
natural de mi infancia campesina.
Son recuerdos..., ingrávido bagaje
en mi vida foránea, peregrina,
con que rindo a mi tierra un homenaje.
jueves, 29 de julio de 2010
YA COGIENDO LA AZADA, YA LA PLUMA
"Ya cogiendo la espada, ya la pluma"
Marqués de Santillana, poeta medieval español
Lejos de la gran urbe que me abruma
ya ejercito mi mente, ya mis manos
en mi huerto y mis versos cotidianos
ya cogiendo la azada, ya la pluma.
Porque temo que , en vano , se consumal
a arena del reloj de raudos granos
y mi cuerpo, ya asunto de gusanos,
lo amortaje la muerte con su bruma.
Por efecto de afecto al lar nativo,
yo cultivo en verano la cosecha
de los frutos y versos que os escribo.
Porque el alma se siente insatisfecha
de lo escrito por patrio imperativo,
por si hubiera una sombra de sospecha…
lunes, 12 de julio de 2010
AFECTIVAS TRANSFERENCIAS
Doy mis versos al pueblo y no le pido
nada a cambio por grata recompensa;
reclamar a quien debo es una ofensa
tan impropia de humano bien nacido.
Miles de horas de oro dilapido
de mi vida tan densa, tan intensa,
tan propensa a los versos en defensa
de mi pueblo extremeño agradecido.
A quien debo esta lírica locura
de verter en mis versos mis querencias,
yo no puedo pasarle la factura.
Me desquito de múltiples ausencias
de mi tierra materna, Extremadura,
enviando afectivas transferencias.
nada a cambio por grata recompensa;
reclamar a quien debo es una ofensa
tan impropia de humano bien nacido.
Miles de horas de oro dilapido
de mi vida tan densa, tan intensa,
tan propensa a los versos en defensa
de mi pueblo extremeño agradecido.
A quien debo esta lírica locura
de verter en mis versos mis querencias,
yo no puedo pasarle la factura.
Me desquito de múltiples ausencias
de mi tierra materna, Extremadura,
enviando afectivas transferencias.
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afecto.,
agradecimiento,
Poesía,
Pueblo,
querencia
martes, 6 de julio de 2010
ANTES DE QUE...
Antes de que mi vida poco a poco consuma
esas últimas brasas de su efímera hoguera,
resumiendo en cenizas tanta vana quimera
y se esfume en la nada como pompa de espuma.
Antes de que mi aliento se me funda en la bruma
de esa noche infinita que al humano le espera
más allá del umbral, de esa leve frontera
donde todo termina con el cero por suma.
Antes de que mi sangre pierda el rojo voltaje
y mi cuerpo, ya inerte, sea el grato hospedaje
donde habite a sus anchas un tropel de gusanos.
Yo quisiera entregaros, tal humilde homenaje
este ramo de versos doloridos y humanos
que aboné con mis penas y sembré con mis manos.
esas últimas brasas de su efímera hoguera,
resumiendo en cenizas tanta vana quimera
y se esfume en la nada como pompa de espuma.
Antes de que mi aliento se me funda en la bruma
de esa noche infinita que al humano le espera
más allá del umbral, de esa leve frontera
donde todo termina con el cero por suma.
Antes de que mi sangre pierda el rojo voltaje
y mi cuerpo, ya inerte, sea el grato hospedaje
donde habite a sus anchas un tropel de gusanos.
Yo quisiera entregaros, tal humilde homenaje
este ramo de versos doloridos y humanos
que aboné con mis penas y sembré con mis manos.
domingo, 4 de julio de 2010
HORAS EXTRAS
Cuántas horas de oro, extraodinarias
dedicadas al lírico cultivo;
calendario de luto, sin festivo,
sin domingo, en labores literarias.
Cuántas horas de ira, solitarias,
de trabajo a destajo, sin recibo,
de sembrarme en los versos, que le escribo
a mi gente en posturas solidarias.
Porque yo amo a mi pueblo, aunque me aparte
y me vaya con lírica a otra parte
a partirme tal pan en mis cuartillas.
Yo prefiero que coma y que se harte
y que el arte se vaya... de puntillas.
¡Por mi pueblo, me doblo de rodillas!
dedicadas al lírico cultivo;
calendario de luto, sin festivo,
sin domingo, en labores literarias.
Cuántas horas de ira, solitarias,
de trabajo a destajo, sin recibo,
de sembrarme en los versos, que le escribo
a mi gente en posturas solidarias.
Porque yo amo a mi pueblo, aunque me aparte
y me vaya con lírica a otra parte
a partirme tal pan en mis cuartillas.
Yo prefiero que coma y que se harte
y que el arte se vaya... de puntillas.
¡Por mi pueblo, me doblo de rodillas!
sábado, 26 de junio de 2010
PASEO SENTIMENTAL POR JARAICEJO
A mi querida tía Carmen Ramos Rubio
He tornado de nuevo este verano,
tal al nido leñoso la cigüeña,
a pasar mis estivas vacaciones
en contacto materno con mi tierra,
al reencuentro efusivo con mi gente,
con mi casa y las cosas que me quedan
en mi pueblo nativo, Jaraicejo,
donde tuvo su cuna mi existencia,
donde siguen muy firmes mis raíces
aferradas con fuerza a su parcela
por los lazos feraces de la sangre,
que se agarran tal verde enredadera.
He venido otra vez este verano,
como fiel golondrina blanquinegra,
a cumplir con un ético mandato
con fervor religioso de promesa,
a embeberme de savias de la encina,
a sacarme la espina de la ausencia
y sedarme su herida con el tiempo
de esta grata visita veraniega.
Una brisa de viejas emociones
me recorre por dentro, por la médula
y despierta dormidas añoranzas
de otros días felices, de otras épocas,
cuando entro en mi pueblo despoblado,
con sus casas y calles tan desiertas,
donde nada se mueve..., sólo el viento
transportando papeles y hojas secas...
Una tarde, de manos del recuerdo,
decidí recorrerme sus callejas
y sus calles calladas, solitarias,
sus rincones, su plaza con su iglesia.
Estos sitios sirvieron de escenario
de mis pasos primeros, de mis tiernas
correrías e ingenuas travesuras
y conservan mis ecos y mis huellas.
De estas calles, rincones y lugares
yo conservo en el alma una leyenda
con fragancias felices de la infancia
que, en mi ausencia, me sirven de anestesia.
Comencé por mi casa el recorrido,
epicentro crucial de mis vivencias,
santuario de mi vida peregrina
y la estrella polar de mi existencia;
dilatada, robusta, hospitalaria...,
una casa de pies hasta cabeza,
con ternuras internas de una madre
y durezas externas en sus piedras,
con dos plantas de pétreas paredes
y su patio y su pozo y sus macetas...,
con el toldo esmeralda de sus parras
y las frescas fragancias de su huerta.
Todo cabe en el seno de esta casa:
los sillones de mimbre de la abuela,
las bordadas labores de mi madre,
de mi padre las férreas herramientas;
como piezas preciadas de un museo,
con esmero protejo de las huellas
polvorientas del tiempo que las viste
de herrumbrosas y pardas vestimentas.
Aquí al lado, se erige el edificio,
tan apuesto y tan sobrio de la escuela
donde fui tan amigo de los libros
e inicié mis amores con las letras
y jugué con peonzas, con bolindres,
con estampas, con chapas de botella,
con pelotas de trapo, con botones
y juguetes de corcho o de madera...
-Agradezco , maestros, vuestro esfuerzo,
vuestro ejemplo de entrega y de paciencia;
me sembrasteis semillas culturales
y me hicisteis mi trizas la pereza-.
Como un río sin aguas, con asfalto,
aquí enfrente, la antigua carretera
es la arteria más amplia y transitada
que recorre la sangre más diversa.
Más allá, es El Calvario, donde tuve
mi pasión... amorosa, la primera,
con corona de espinas amorosas
y primeros pinitos de poeta.
Más al sur, El Ejido, que es mi barrio
y también escenario de las eras
en los meses de mieses, de la trilla
y la brega febril de la cosecha.
La mareas primarias de la hormiga
el humano emulaba en sus tareas
en continuo trasiego hacia las trojes;
sobre bestias o carros, las fanegas.
Qué lecciones de agrarias disciplinas
aprendí desde niño entre durezas
y arañazos de cardos y de abrojos
en las arduas labores veraniegas.
-Siempre estuve a tu lado, padre mío,
a tu sombra querida, tan señera,
para echarte una mano solidaria
que sirviera de alivio a tus faenas-.
Yo regué, con mi sangre y mis sudores,
la reseca epidermis de mi tierra
a manera de rústico bautizo
que, por vida, me ataba a su querencia.
Al frescor de las horas vespertinas,
comenzaba el ardor de las contiendas
de los bélicos juegos infantiles
con fragor de batallas bullangueras...
Ya no se hacen hacinas con los haces,
ni se trillan las mieses en las eras,
ni se entablan batallas infantiles
sobre alfombras de paja volandera.
Ya El Ejido, de estériles hierbajos,
se recubre tal parda vestimenta
que le teje la araña del olvido
por cubrir sus desidias y miserias.
Allí abajo, hacia el sur, el camposanto
con cenceños cipreses centinelas
que vigilan en fila a nuestros muertos,
en su puesto de guardia, siempre alertas.
Aquí tengo enterrado mi pasado,
media vida..., me queda la otra media,
y a mis seres queridos, ¡padres míos!,
cuya imagen mantengo en reverencia.
Esa calle tan larga y empinada,
cuya cuesta nos cuesta recorrerla,
es la Calle Trujillo, que conduce
hacia el centro, la plaza, casi recta.
A su izquierda, se ve Camino Viejo,
con sentido contrario, tan gemela;
por aquélla, suben vida y alegría;
por ésta, va la muerte y la tristeza;
es la calle de último paseo,
que nos dan con el traje de madera,
nuestra casa es el punto de partida
y llegada hasta el nicho como meta...
Un inmenso rectángulo es la plaza,
corazón al que llegan cuatro arterias,
con su rollo de villa como fuente
en el centro, con taza berroqueña.
Primigénita célula del pueblo,
es la zona más noble y solariega,
con su casa obispal, su ayuntamiento,
el castillo y la iglesia gigantesca.
El granito, la piedra y el ladrillo
fraternizan en formas de la iglesia,
de robustas paredes centenarias
que le dan sensación de fortaleza.
Con su cara al poniente, la fachada
principal se presenta tan soberbia
con dos arcos gemelos en su pórtico
que, en rotunda columna, se sustentan.
Ventanales, escudos, hornacinas,
rosetón, balaustradas... la ornamentan
y le aportan un porte portentoso
de una sobria esbeltez y de nobleza.
Al costado derecho, existe un arco,
coronado en su cumbre con almenas,
y una esbelta y secreta galería
comunica la iglesia con viviendas;
son dos altos, robustos pasadizos
que sirvieron de paso y de defensa
de preclaros prelados religiosos
en su etapa de estancias veraniegas.
Esta arcada era puerta principal
y la entrada más bella y más directa
a la plaza, de forma controlada
por vigías en épocas pretéritas.
Con frontón y columnas adosadas,
existió entre los arcos otra puerta,
que se encuentra cerrada a cal y canto
por el “corpore insepulto” de una reina.
A la espalda del templo, hay otra entrada
con frontón y columnas berroqueñas
y los restos ruinosos de un convento
y, más tarde, casona solariega.
Era el templo un poblado microzoo
con palomas, murciélagos, cigüeñas,
con lechuzas, vencejos, golondrinas
y las fúnebres chovas vocingleras.
¡Qué revuelo de aves en bandada,
despegando de aleros y de grietas;
qué alboroto volátil de pitidos
de sus picos, tal cánticos de guerra!
Escuadrillas rasantes de vencejos
de acrobacias tan raudas y guerreras
y, en versátiles vuelos, los murciélagos
de ultrafino radar en sus orejas;
escuadrones siniestros de la muerte
que a sus presas cazaban por sorpresa:
mariposas, moscones y mosquitos,
en cruzadas nocturnas y violentas.
Un ejército de bélicos muchachos,
pertrechados de palos y de piedras
disparaba sus rudos proyectiles
a las fuerzas aéreas, siniestras.
Esta tarde, la plaza está vacía,
sin los niños, sin aves bullangueras;
un silencio mortal, de cementerio,
tal sudario, la cubre de tristeza.
-Una noche de invierno muy oscura,
en la plaza y en fiestas navideñas,
una bella pastora, junto al templo,
aceptó ser mi esposa y compañera...-
Ya me encuentro en la calle más antigua,
la hipotética arteria primigenia,
con sus casas vetustas, seculares,
cuyo nombre es la Calle Talavera..
Una casa de éstas fue la cuna
-la de escudo con águila bicéfala-
de la ilustre beata María Luisa
de Carvajal, poeta y misionera.
Más arriba, se hallaba... el Santo Cristo,
atalaya de fábrica mudéjar,
donde puso sus pies el “Santo Oficio”
para hacer sus faenas tan funestas...
Gigantesco templete de ladrillos,
con sus arcos y su esbelta silueta,
vigilaba los hondos horizontes
sobre el lomo rojizo de La Mesa.
Pero el tiempo fue juez de su pasado
y dictó fatalmente su sentencia:
una pena de muerte tan rotunda
que ni existe señal de su existencia...
Más allá de la plaza, el otro barrio,
la mitad, más o menos, La Ribera,
con callejas angostas y empinadas
por hallarse de un valle en la ladera.
Este barrio ha perdido tanta sangre,
la más joven, fecunda, aventurera,
que los turbios suburbios de las urbes
absorbieron tal viles sanguijuelas.
Sólo ancianas de luto se divisan
en sus calles, sentadas a las puertas,
fabricando sus flores de colores,
de los níveos manteles en la tela.
¡Ay, me duelen tan hondo estas ancianas
solitarias, con negras vestimentas,
que anestesian, bordando esos manteles,
el dolor espinoso de la espera...!
Aquí acabo extenuado el recorrido
de mi pueblo por calles y callejas,
con el alma empapada de emociones,
con raíces más firmes y más frescas.
Otro agosto, he llegado, pueblo mío,
a mi cita filial y veraniega
para estar en tu grata compañía
y escribirte unos versos como ofrenda;
a pasar con tus hijos, mis hermanos,
vacaciones festivas, placenteras,
a regarnos recíprocos recuerdos
y lavarnos del alma las tristezas.
He acudido a encontrar en tu regazo
una paz y una dicha verdaderas
para el alma cansada de distancias,
de sentirse en la ausencia forastera,
a buscar una prenda, la alegría,
que perdí no sé dónde con certeza,
pero debe de estar por los cajones
de un armario, de un cofre, de una mesa...
Y, por ser nuestras Fiestas del Rosario,
he vestido el balcón con la bandera
y he compuesto estos versos con ternura
por sentirme hijo tuyo y tu poeta.
JARAICEJO, AGOSTO, 1997
He tornado de nuevo este verano,
tal al nido leñoso la cigüeña,
a pasar mis estivas vacaciones
en contacto materno con mi tierra,
al reencuentro efusivo con mi gente,
con mi casa y las cosas que me quedan
en mi pueblo nativo, Jaraicejo,
donde tuvo su cuna mi existencia,
donde siguen muy firmes mis raíces
aferradas con fuerza a su parcela
por los lazos feraces de la sangre,
que se agarran tal verde enredadera.
He venido otra vez este verano,
como fiel golondrina blanquinegra,
a cumplir con un ético mandato
con fervor religioso de promesa,
a embeberme de savias de la encina,
a sacarme la espina de la ausencia
y sedarme su herida con el tiempo
de esta grata visita veraniega.
Una brisa de viejas emociones
me recorre por dentro, por la médula
y despierta dormidas añoranzas
de otros días felices, de otras épocas,
cuando entro en mi pueblo despoblado,
con sus casas y calles tan desiertas,
donde nada se mueve..., sólo el viento
transportando papeles y hojas secas...
Una tarde, de manos del recuerdo,
decidí recorrerme sus callejas
y sus calles calladas, solitarias,
sus rincones, su plaza con su iglesia.
Estos sitios sirvieron de escenario
de mis pasos primeros, de mis tiernas
correrías e ingenuas travesuras
y conservan mis ecos y mis huellas.
De estas calles, rincones y lugares
yo conservo en el alma una leyenda
con fragancias felices de la infancia
que, en mi ausencia, me sirven de anestesia.
Comencé por mi casa el recorrido,
epicentro crucial de mis vivencias,
santuario de mi vida peregrina
y la estrella polar de mi existencia;
dilatada, robusta, hospitalaria...,
una casa de pies hasta cabeza,
con ternuras internas de una madre
y durezas externas en sus piedras,
con dos plantas de pétreas paredes
y su patio y su pozo y sus macetas...,
con el toldo esmeralda de sus parras
y las frescas fragancias de su huerta.
Todo cabe en el seno de esta casa:
los sillones de mimbre de la abuela,
las bordadas labores de mi madre,
de mi padre las férreas herramientas;
como piezas preciadas de un museo,
con esmero protejo de las huellas
polvorientas del tiempo que las viste
de herrumbrosas y pardas vestimentas.
Aquí al lado, se erige el edificio,
tan apuesto y tan sobrio de la escuela
donde fui tan amigo de los libros
e inicié mis amores con las letras
y jugué con peonzas, con bolindres,
con estampas, con chapas de botella,
con pelotas de trapo, con botones
y juguetes de corcho o de madera...
-Agradezco , maestros, vuestro esfuerzo,
vuestro ejemplo de entrega y de paciencia;
me sembrasteis semillas culturales
y me hicisteis mi trizas la pereza-.
Como un río sin aguas, con asfalto,
aquí enfrente, la antigua carretera
es la arteria más amplia y transitada
que recorre la sangre más diversa.
Más allá, es El Calvario, donde tuve
mi pasión... amorosa, la primera,
con corona de espinas amorosas
y primeros pinitos de poeta.
Más al sur, El Ejido, que es mi barrio
y también escenario de las eras
en los meses de mieses, de la trilla
y la brega febril de la cosecha.
La mareas primarias de la hormiga
el humano emulaba en sus tareas
en continuo trasiego hacia las trojes;
sobre bestias o carros, las fanegas.
Qué lecciones de agrarias disciplinas
aprendí desde niño entre durezas
y arañazos de cardos y de abrojos
en las arduas labores veraniegas.
-Siempre estuve a tu lado, padre mío,
a tu sombra querida, tan señera,
para echarte una mano solidaria
que sirviera de alivio a tus faenas-.
Yo regué, con mi sangre y mis sudores,
la reseca epidermis de mi tierra
a manera de rústico bautizo
que, por vida, me ataba a su querencia.
Al frescor de las horas vespertinas,
comenzaba el ardor de las contiendas
de los bélicos juegos infantiles
con fragor de batallas bullangueras...
Ya no se hacen hacinas con los haces,
ni se trillan las mieses en las eras,
ni se entablan batallas infantiles
sobre alfombras de paja volandera.
Ya El Ejido, de estériles hierbajos,
se recubre tal parda vestimenta
que le teje la araña del olvido
por cubrir sus desidias y miserias.
Allí abajo, hacia el sur, el camposanto
con cenceños cipreses centinelas
que vigilan en fila a nuestros muertos,
en su puesto de guardia, siempre alertas.
Aquí tengo enterrado mi pasado,
media vida..., me queda la otra media,
y a mis seres queridos, ¡padres míos!,
cuya imagen mantengo en reverencia.
Esa calle tan larga y empinada,
cuya cuesta nos cuesta recorrerla,
es la Calle Trujillo, que conduce
hacia el centro, la plaza, casi recta.
A su izquierda, se ve Camino Viejo,
con sentido contrario, tan gemela;
por aquélla, suben vida y alegría;
por ésta, va la muerte y la tristeza;
es la calle de último paseo,
que nos dan con el traje de madera,
nuestra casa es el punto de partida
y llegada hasta el nicho como meta...
Un inmenso rectángulo es la plaza,
corazón al que llegan cuatro arterias,
con su rollo de villa como fuente
en el centro, con taza berroqueña.
Primigénita célula del pueblo,
es la zona más noble y solariega,
con su casa obispal, su ayuntamiento,
el castillo y la iglesia gigantesca.
El granito, la piedra y el ladrillo
fraternizan en formas de la iglesia,
de robustas paredes centenarias
que le dan sensación de fortaleza.
Con su cara al poniente, la fachada
principal se presenta tan soberbia
con dos arcos gemelos en su pórtico
que, en rotunda columna, se sustentan.
Ventanales, escudos, hornacinas,
rosetón, balaustradas... la ornamentan
y le aportan un porte portentoso
de una sobria esbeltez y de nobleza.
Al costado derecho, existe un arco,
coronado en su cumbre con almenas,
y una esbelta y secreta galería
comunica la iglesia con viviendas;
son dos altos, robustos pasadizos
que sirvieron de paso y de defensa
de preclaros prelados religiosos
en su etapa de estancias veraniegas.
Esta arcada era puerta principal
y la entrada más bella y más directa
a la plaza, de forma controlada
por vigías en épocas pretéritas.
Con frontón y columnas adosadas,
existió entre los arcos otra puerta,
que se encuentra cerrada a cal y canto
por el “corpore insepulto” de una reina.
A la espalda del templo, hay otra entrada
con frontón y columnas berroqueñas
y los restos ruinosos de un convento
y, más tarde, casona solariega.
Era el templo un poblado microzoo
con palomas, murciélagos, cigüeñas,
con lechuzas, vencejos, golondrinas
y las fúnebres chovas vocingleras.
¡Qué revuelo de aves en bandada,
despegando de aleros y de grietas;
qué alboroto volátil de pitidos
de sus picos, tal cánticos de guerra!
Escuadrillas rasantes de vencejos
de acrobacias tan raudas y guerreras
y, en versátiles vuelos, los murciélagos
de ultrafino radar en sus orejas;
escuadrones siniestros de la muerte
que a sus presas cazaban por sorpresa:
mariposas, moscones y mosquitos,
en cruzadas nocturnas y violentas.
Un ejército de bélicos muchachos,
pertrechados de palos y de piedras
disparaba sus rudos proyectiles
a las fuerzas aéreas, siniestras.
Esta tarde, la plaza está vacía,
sin los niños, sin aves bullangueras;
un silencio mortal, de cementerio,
tal sudario, la cubre de tristeza.
-Una noche de invierno muy oscura,
en la plaza y en fiestas navideñas,
una bella pastora, junto al templo,
aceptó ser mi esposa y compañera...-
Ya me encuentro en la calle más antigua,
la hipotética arteria primigenia,
con sus casas vetustas, seculares,
cuyo nombre es la Calle Talavera..
Una casa de éstas fue la cuna
-la de escudo con águila bicéfala-
de la ilustre beata María Luisa
de Carvajal, poeta y misionera.
Más arriba, se hallaba... el Santo Cristo,
atalaya de fábrica mudéjar,
donde puso sus pies el “Santo Oficio”
para hacer sus faenas tan funestas...
Gigantesco templete de ladrillos,
con sus arcos y su esbelta silueta,
vigilaba los hondos horizontes
sobre el lomo rojizo de La Mesa.
Pero el tiempo fue juez de su pasado
y dictó fatalmente su sentencia:
una pena de muerte tan rotunda
que ni existe señal de su existencia...
Más allá de la plaza, el otro barrio,
la mitad, más o menos, La Ribera,
con callejas angostas y empinadas
por hallarse de un valle en la ladera.
Este barrio ha perdido tanta sangre,
la más joven, fecunda, aventurera,
que los turbios suburbios de las urbes
absorbieron tal viles sanguijuelas.
Sólo ancianas de luto se divisan
en sus calles, sentadas a las puertas,
fabricando sus flores de colores,
de los níveos manteles en la tela.
¡Ay, me duelen tan hondo estas ancianas
solitarias, con negras vestimentas,
que anestesian, bordando esos manteles,
el dolor espinoso de la espera...!
Aquí acabo extenuado el recorrido
de mi pueblo por calles y callejas,
con el alma empapada de emociones,
con raíces más firmes y más frescas.
Otro agosto, he llegado, pueblo mío,
a mi cita filial y veraniega
para estar en tu grata compañía
y escribirte unos versos como ofrenda;
a pasar con tus hijos, mis hermanos,
vacaciones festivas, placenteras,
a regarnos recíprocos recuerdos
y lavarnos del alma las tristezas.
He acudido a encontrar en tu regazo
una paz y una dicha verdaderas
para el alma cansada de distancias,
de sentirse en la ausencia forastera,
a buscar una prenda, la alegría,
que perdí no sé dónde con certeza,
pero debe de estar por los cajones
de un armario, de un cofre, de una mesa...
Y, por ser nuestras Fiestas del Rosario,
he vestido el balcón con la bandera
y he compuesto estos versos con ternura
por sentirme hijo tuyo y tu poeta.
JARAICEJO, AGOSTO, 1997
Etiquetas:
amor,
ancestros.,
gratitud,
Pueblo,
raíces,
Sentimientos
A NADIE NADA LE DEBO
A nadie nada le debo
porque os doy más que me dan;
con mi sudor pago el pan,
el grato vino que bebo
y el total de mi albarán.
Con sobriedad, sobrellevo
mi vida en lírico afán
y sigo mi propio plan,
buscando un camino nuevo
sin temor al qué dirán.
Entre trabas, yo me atrevo
a escribir versos que van
del corazón de este adán
al pueblo que siempre llevo
conmigo tal talismán.
A las nubes, no me elevo
porque no soy un donjuán,
ni hago galas de galán,
mas siento efecto placebo
de mi alma en el desván.
Si alguna vez me sublevo
por patadas de un patán
por no ser clon de su clan,
con mis versos le repruebo
su condición de alacrán.
Y, sin pausa y sin relevo,
mi loco y lírico afán
me arrastra tal huracán
a escribir cuando compruebo
en mi entorno algún desmán…
Jaraicejo, agosto, 2009
porque os doy más que me dan;
con mi sudor pago el pan,
el grato vino que bebo
y el total de mi albarán.
Con sobriedad, sobrellevo
mi vida en lírico afán
y sigo mi propio plan,
buscando un camino nuevo
sin temor al qué dirán.
Entre trabas, yo me atrevo
a escribir versos que van
del corazón de este adán
al pueblo que siempre llevo
conmigo tal talismán.
A las nubes, no me elevo
porque no soy un donjuán,
ni hago galas de galán,
mas siento efecto placebo
de mi alma en el desván.
Si alguna vez me sublevo
por patadas de un patán
por no ser clon de su clan,
con mis versos le repruebo
su condición de alacrán.
Y, sin pausa y sin relevo,
mi loco y lírico afán
me arrastra tal huracán
a escribir cuando compruebo
en mi entorno algún desmán…
Jaraicejo, agosto, 2009
UNDÉCIMO MANDAMIENTO
Por cumplir con un sacro imperativo
que me impulsa al solar de nacimiento,
como undécimo y nuevo mandamiento,
con ternura retorno al lar nativo.
Allí encuentro ese caldo de cultivo
tan propicio al recuerdo, al sentimiento...
y allí sedo el dolor, el desaliento
de habitar en la ausencia tal cautivo.
Con el alma a destajo, insatisfecha,
en mi patrio terruño, cada día,
me dedico a mi lírica cosecha.
Mas no sé si mi esfuerzo y mi porfía
a mis gentes les vale y aprovecha,
si merece la pena... o la alegría.
que me impulsa al solar de nacimiento,
como undécimo y nuevo mandamiento,
con ternura retorno al lar nativo.
Allí encuentro ese caldo de cultivo
tan propicio al recuerdo, al sentimiento...
y allí sedo el dolor, el desaliento
de habitar en la ausencia tal cautivo.
Con el alma a destajo, insatisfecha,
en mi patrio terruño, cada día,
me dedico a mi lírica cosecha.
Mas no sé si mi esfuerzo y mi porfía
a mis gentes les vale y aprovecha,
si merece la pena... o la alegría.
domingo, 22 de marzo de 2009
ODA AL POETA (1)
El poeta es un hombre natural, solitario... ,
sin rincones ahumados ni morales dobleces
que aprendió soledades para ser solidario
y beber de la vida sus más ácidas heces.
El poeta es un pardo, montaraz campesino
y, en sus surcos de versos, insemina semillas:
sentimientos, ideas... con salario mezquino
por su áurea cosecha sobre blancas cuartillas.
El poeta es notario de esta efímera vida
y, en sus versos, la canta porque quede constancia
de su gente y su tiempo; sin su canto se olvida
y se viste de polvo su frangible fragancia.
El poeta es del pueblo la viviente conciencia
que vocea en la noche con su voz dolorida
y le duele esa vida de anodina indolencia
en que vive abismada tanta mente dormida.
El poeta es un mártir, tal un chivo expiatorio,
a quien almas perversas le disparan desprecio;
de por vida condenan a un social purgatorio;
despreciar al que sabe es el vicio del necio.
El poeta es Quijote, defensor de ideales:
el honor, la justicia... con su pluma por lanza;
los ajenos problemas son para él personales
y los sufre muy solo, sin un fiel Sanchopanza.
El poeta es un Sísifo que , a su espalda, se carga
el pedrusco más tosco -¡su dolor y el ajeno!-
y lo sube a la cumbre por la senda más larga,
la vereda del verso de escabroso terreno.
El poeta es el águila, que se eleva hacia arriba
con la ayuda de alas: fantasía , cultura...
para dar a los hombres la mejor perspectiva
de este valle de llanto con su imagen más pura.
El poeta es la abeja de una inmensa colmena
y, con polen de penas, elabora su miel;
de ambarinas dulzuras a su prójimo llena,
mas su alma almacena amarguras de hiel.
El poeta es la fuente donde sacia el sediento
esa sed de infinito que a las almas abrasa
y anestesia su angustia, su vital desaliento
con ideas, emociones, sentimientos..., sin tasa.
El poeta es espejo que la vida refleja
con dos caras opuestas en su faz cristalina,
donde el llanto y la risa siempre forman pareja
tal la luz con la sombra; con la rosa, la espina...
El poeta es la antena de emisiones humanas
porque siente y "con-siente" los sutiles latidos
de las zonas del alma más oscuras y arcanas
y descifra en palabras sus ignotos sonidos.
Pararrayos que atrae al flamígero rayo
de tormentas sociales que desata la ira
del tirano de turno que lo torna en cobayo
y lo pone a su alcance, bajo el punto de mira.
El poeta es un faro que ilumina el camino
y se quema su vida para darnos su luz
y alumbrar en los hombres un destello divino
porque sufre tal Cristo de sus versos la cruz.
El poeta es diamante, una gota de estrella;
con frecuencia, la infamia lo mancilla de lodo,
pero es tal su pureza y el fulgor que destella
que se limpia a sí mismo en muy breve periodo.
El poeta es un hombre desde pies a cabeza
que se entrega a otros seres con sus brazos abiertos
y es tan grande su afecto, su bondad, su nobleza...
que hablará con los vivos cuando esté entre los muertos...
(1) Primer premio en el certamen de poesía "La Morera Sombría”, patrocinado por el Excelentísimo Ayuntamiento de Badalona (Barcelona).Poema peteneciente al tercer libro, titulado "Ramos de Rimas".
sin rincones ahumados ni morales dobleces
que aprendió soledades para ser solidario
y beber de la vida sus más ácidas heces.
El poeta es un pardo, montaraz campesino
y, en sus surcos de versos, insemina semillas:
sentimientos, ideas... con salario mezquino
por su áurea cosecha sobre blancas cuartillas.
El poeta es notario de esta efímera vida
y, en sus versos, la canta porque quede constancia
de su gente y su tiempo; sin su canto se olvida
y se viste de polvo su frangible fragancia.
El poeta es del pueblo la viviente conciencia
que vocea en la noche con su voz dolorida
y le duele esa vida de anodina indolencia
en que vive abismada tanta mente dormida.
El poeta es un mártir, tal un chivo expiatorio,
a quien almas perversas le disparan desprecio;
de por vida condenan a un social purgatorio;
despreciar al que sabe es el vicio del necio.
El poeta es Quijote, defensor de ideales:
el honor, la justicia... con su pluma por lanza;
los ajenos problemas son para él personales
y los sufre muy solo, sin un fiel Sanchopanza.
El poeta es un Sísifo que , a su espalda, se carga
el pedrusco más tosco -¡su dolor y el ajeno!-
y lo sube a la cumbre por la senda más larga,
la vereda del verso de escabroso terreno.
El poeta es el águila, que se eleva hacia arriba
con la ayuda de alas: fantasía , cultura...
para dar a los hombres la mejor perspectiva
de este valle de llanto con su imagen más pura.
El poeta es la abeja de una inmensa colmena
y, con polen de penas, elabora su miel;
de ambarinas dulzuras a su prójimo llena,
mas su alma almacena amarguras de hiel.
El poeta es la fuente donde sacia el sediento
esa sed de infinito que a las almas abrasa
y anestesia su angustia, su vital desaliento
con ideas, emociones, sentimientos..., sin tasa.
El poeta es espejo que la vida refleja
con dos caras opuestas en su faz cristalina,
donde el llanto y la risa siempre forman pareja
tal la luz con la sombra; con la rosa, la espina...
El poeta es la antena de emisiones humanas
porque siente y "con-siente" los sutiles latidos
de las zonas del alma más oscuras y arcanas
y descifra en palabras sus ignotos sonidos.
Pararrayos que atrae al flamígero rayo
de tormentas sociales que desata la ira
del tirano de turno que lo torna en cobayo
y lo pone a su alcance, bajo el punto de mira.
El poeta es un faro que ilumina el camino
y se quema su vida para darnos su luz
y alumbrar en los hombres un destello divino
porque sufre tal Cristo de sus versos la cruz.
El poeta es diamante, una gota de estrella;
con frecuencia, la infamia lo mancilla de lodo,
pero es tal su pureza y el fulgor que destella
que se limpia a sí mismo en muy breve periodo.
El poeta es un hombre desde pies a cabeza
que se entrega a otros seres con sus brazos abiertos
y es tan grande su afecto, su bondad, su nobleza...
que hablará con los vivos cuando esté entre los muertos...
(1) Primer premio en el certamen de poesía "La Morera Sombría”, patrocinado por el Excelentísimo Ayuntamiento de Badalona (Barcelona).Poema peteneciente al tercer libro, titulado "Ramos de Rimas".
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