Muriendo está la tarde,
una tarde estival, cálida y lenta
que agoniza sobre los curvos montes,
dejando tras de sí purpúreas huellas.
El sol es una herida
redondamente abierta
en el costado de esta tarde tibia
y pone en el azul manchas sangrientas.
Las vaporosas nubes,
amorfas y grotescas,
semejan gigantescos algodones,
rojizos coágulos de sangre fresca.
Del alto campanario
de la vetusta y gigantesca iglesia,
cual pena hecha sonido,
lanzan las campanas sus notas trémulas,
a la oración tocando
en una grave y prolongada queja.
El aire cristalino
de la tarde tranquila y somnolienta
se puebla de metálicos murmullos
de campanas y de aves bullangueras,
que habitan en los huecos de los muros,
bajo las rojas tejas.
En la cuadrada plaza,
algunos niños juegan
sembrando el suave viento vespertino
de frescas risas y de voces tiernas;
una viejecita, de cabellos níveos
y negra vestimenta,
atraviesa la plaza lentamente
con un cántaro de agua en la cabeza.
Por los lejanos campos
de blanquecinas sendas,
van regresando lentos los rebaños
envueltos entre nubes polvorientas,
con metálica música de esquilas,
cual suave lluvia de sonoras perlas.
Por entre los oscuros encinares,
polvo y sudor sobre su piel reseca,
sobre sus lentas bestias encorvados,
vuelven los segadores de la siega.
La curvatura azul
de las lejanas sierras extremeñas
se va difuminando lentamente
tras una leve gasa cenicienta.
La tarde muere silenciosamente,
su faz azul se tiñe de violeta
y el cielo, antes alegre,
se viste con un manto de tinieblas.
Allá, por el oriente,
ya se asoma la luna amarillenta
con cara de una niña avergonzada
que va, por vez primera, a una fiesta…
Así son los ocasos extremeños,
así mueren las tardes de mi tierra,
dejando en el azul rastros sangrientos
y ,en el alma, una estela de tristeza,
tristeza que es la marca
que queda cuando pasa la belleza
ante un alma sensible
que sabe captarla y comprenderla
y vibra cual junquillo leve al viento,
cual una humana antena...
¡Así son los ocasos
que, con amor, mi corazón conserva!...
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domingo, 10 de julio de 2011
viernes, 21 de enero de 2011
PARAÍSO PERDIDO
Vine al mundo una noche
cuando reinaba escorpio
tal fruto ya maduro
de un árbol en otoño.
De labradores padres
fui el único retoño;
su ubérrima ternura
la tuve en monopolio.
Fui humano recipiente
donde vertieron todo
su amor, sus inquietudes,
su nobleza y decoro.
De paz era un remanso
aquel hogar tan probo
donde el amor corría
tal fontanar, a chorros.
Llanuras de encinares,
de jaras, de rastrojos…,
de mi feliz infancia
fueron telón de fondo.
Fui amigo de animales:
corderos, perros, potros…;
su trato fue más grato
que el dado por vosotros.
En este ambiente edénico
de tonos tan bucólicos,
mis años infantiles
pasaron como un soplo;
paraíso perdido
que, a veces, yo recorro
de manos del recuerdo
con aire melancólico;
bagaje de memorias
que llevo en los más hondo
del alma y la iluminan
tal luminoso foco.
En libros y en labranzas,
gasté mis años mozos
y mi pan cotidiano
lo pagó el sudor propio.
Por los libros, fui libre;
por mis padres fui sobrio:
¡es tan corto el camino
y hace falta tan poco!
Me alejé de los lujos
del consumo ostentoso;
me amoldé a ser humilde
por respeto a mi prójimo.
A las fiestas y fastos
renuncié ya muy pronto
por austero y sencillo
y por ser fonofóbico.
Preferí yo el estudio
al estadio, a los toros…,
el “panem et circense”
lo encontré muy tedioso.
Dediqué a labor lírica
horas de oro del ocio;
soledad y silencio
fueron siempre mis socios.
Sembré miles de versos
con el noble propósito
de ofrecerle a mi gente
un libresco manojo,
una lírica herencia
que sirviera de fondo
cultural a mi pueblo
al servicio de todos.
Mas mi esfuerzo fue estéril
y cayó en saco roto:
para el listo de turno
yo era un ser peligroso
porque no acepté normas
rebañegas de otros
y seguí otros senderos
espinosos y angostos.
Por versado en los versos,
por encima del hombro,
me miraron los necios
con rencor envidioso;
despreciaron mis versos
por sus necios antojos,
-¡nunca aprecian los necios
la labor de su prójimo!-
Pero sigo y prosigo
tan tenaz por estoico
con la frente muy alta,
sin careta en mi rostro.
Vuestros juicios injustos
me paso por los… forros
y es el tiempo a la larga
quien será juez de todos.
Yo, ante el pueblo sencillo,
de rodillas, me postro
y le ofrezco mis versos
en fraterno ofertorio
porque pueblo yo soy,
mi raíz no traiciono
y hacia él me dirijo
con sus penas al hombro
y, en mi patrio terruño,
esta tarde de agosto,
os entrego estos versos
por si os son provechosos…
cuando reinaba escorpio
tal fruto ya maduro
de un árbol en otoño.
De labradores padres
fui el único retoño;
su ubérrima ternura
la tuve en monopolio.
Fui humano recipiente
donde vertieron todo
su amor, sus inquietudes,
su nobleza y decoro.
De paz era un remanso
aquel hogar tan probo
donde el amor corría
tal fontanar, a chorros.
Llanuras de encinares,
de jaras, de rastrojos…,
de mi feliz infancia
fueron telón de fondo.
Fui amigo de animales:
corderos, perros, potros…;
su trato fue más grato
que el dado por vosotros.
En este ambiente edénico
de tonos tan bucólicos,
mis años infantiles
pasaron como un soplo;
paraíso perdido
que, a veces, yo recorro
de manos del recuerdo
con aire melancólico;
bagaje de memorias
que llevo en los más hondo
del alma y la iluminan
tal luminoso foco.
En libros y en labranzas,
gasté mis años mozos
y mi pan cotidiano
lo pagó el sudor propio.
Por los libros, fui libre;
por mis padres fui sobrio:
¡es tan corto el camino
y hace falta tan poco!
Me alejé de los lujos
del consumo ostentoso;
me amoldé a ser humilde
por respeto a mi prójimo.
A las fiestas y fastos
renuncié ya muy pronto
por austero y sencillo
y por ser fonofóbico.
Preferí yo el estudio
al estadio, a los toros…,
el “panem et circense”
lo encontré muy tedioso.
Dediqué a labor lírica
horas de oro del ocio;
soledad y silencio
fueron siempre mis socios.
Sembré miles de versos
con el noble propósito
de ofrecerle a mi gente
un libresco manojo,
una lírica herencia
que sirviera de fondo
cultural a mi pueblo
al servicio de todos.
Mas mi esfuerzo fue estéril
y cayó en saco roto:
para el listo de turno
yo era un ser peligroso
porque no acepté normas
rebañegas de otros
y seguí otros senderos
espinosos y angostos.
Por versado en los versos,
por encima del hombro,
me miraron los necios
con rencor envidioso;
despreciaron mis versos
por sus necios antojos,
-¡nunca aprecian los necios
la labor de su prójimo!-
Pero sigo y prosigo
tan tenaz por estoico
con la frente muy alta,
sin careta en mi rostro.
Vuestros juicios injustos
me paso por los… forros
y es el tiempo a la larga
quien será juez de todos.
Yo, ante el pueblo sencillo,
de rodillas, me postro
y le ofrezco mis versos
en fraterno ofertorio
porque pueblo yo soy,
mi raíz no traiciono
y hacia él me dirijo
con sus penas al hombro
y, en mi patrio terruño,
esta tarde de agosto,
os entrego estos versos
por si os son provechosos…
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Infancia,
ingratitud.,
nostalgias,
paraíso,
Poesía,
raíces,
recuerdos,
Versos
sábado, 15 de enero de 2011
CONTRADICCIONES EXTREMEÑAS
(Estrofas de pie quebrado
o manriqueñas)
Si tanta extensión tenemos
en esta tierra,
¿por qué un millón de extremeños
no cabe en ella?
Y, teniendo tanta tierra,
yo no me explico
que exista un millón de pobres
y cuatro ricos.
La tierra ya no se labra:
¡cardo y retama!
Los labradores parados:
¡mal panorama!
Pensando en las soluciones,
yo encuentro raro
que, habiendo tanto trabajo,
vivan en paro.
Dos grandes ríos caudales
y otros pequeños,
pero este campo, en verano,
es un infierno…
Habiendo tanta y tanta agua,
yo no comprendo
que los campos y la gente
vivan sedientos.
En vez de erigir pantanos
en nuestros ríos
para bañar nuestros campos
con regadíos,
nos plantan nucleares
de gran potencia
y, así, nos cuelgan de un hilo
nuestra existencia.
Aquí las materias primas
son emigrantes:
tomate y tabaco y corcho
y lana y carne…
Teniendo tantas materias,
yo me pregunto:
¿por qué, aquí, no se elaboran
nuestros productos?
Se dice que Extremadura
va con retraso;
nosotros tal las tortugas,
al mismo paso,
porque somos tan apáticos,
tan conformistas
que ya hemos perdido el paso
y hasta la pista.
¿Por qué se extrañan, señores,
de la incultura
si aquí el que escribe cosecha
mucha amargura?
Yo tengo amarga experiencia
de lo que os digo:
¡sembré mi amor en mis libros
y son testigos!
Algunos se ponen precio
como hizo Judas;
su sentimiento extremeño
lo pongo en duda;
porque hay gente de esta tierra
que está al servicio
de aquellos que la arrojaron
al precipicio.
Algunos vivimos fuera,
lejos y tristes,
pero el recuerdo nos riega
nuestras raíces;
viviendo siempre tan lejos,
a mí me extraña
que no nos teja el olvido
sus telarañas.
Caminemos poco a poco,
pero seguros:
los pies de la autonomía
no están bien duros;
luchemos de cuerpo entero,
no por partidos,
por el amor a esta tierra
todos unidos.
Busquemos nuevos caminos
con nuestros medios
sin esperar que, de fuera,
vengan remedios;
que, si estos males de siglos
no se remedian,
será esta tierra escenario
de más tragedias…
o manriqueñas)
Si tanta extensión tenemos
en esta tierra,
¿por qué un millón de extremeños
no cabe en ella?
Y, teniendo tanta tierra,
yo no me explico
que exista un millón de pobres
y cuatro ricos.
La tierra ya no se labra:
¡cardo y retama!
Los labradores parados:
¡mal panorama!
Pensando en las soluciones,
yo encuentro raro
que, habiendo tanto trabajo,
vivan en paro.
Dos grandes ríos caudales
y otros pequeños,
pero este campo, en verano,
es un infierno…
Habiendo tanta y tanta agua,
yo no comprendo
que los campos y la gente
vivan sedientos.
En vez de erigir pantanos
en nuestros ríos
para bañar nuestros campos
con regadíos,
nos plantan nucleares
de gran potencia
y, así, nos cuelgan de un hilo
nuestra existencia.
Aquí las materias primas
son emigrantes:
tomate y tabaco y corcho
y lana y carne…
Teniendo tantas materias,
yo me pregunto:
¿por qué, aquí, no se elaboran
nuestros productos?
Se dice que Extremadura
va con retraso;
nosotros tal las tortugas,
al mismo paso,
porque somos tan apáticos,
tan conformistas
que ya hemos perdido el paso
y hasta la pista.
¿Por qué se extrañan, señores,
de la incultura
si aquí el que escribe cosecha
mucha amargura?
Yo tengo amarga experiencia
de lo que os digo:
¡sembré mi amor en mis libros
y son testigos!
Algunos se ponen precio
como hizo Judas;
su sentimiento extremeño
lo pongo en duda;
porque hay gente de esta tierra
que está al servicio
de aquellos que la arrojaron
al precipicio.
Algunos vivimos fuera,
lejos y tristes,
pero el recuerdo nos riega
nuestras raíces;
viviendo siempre tan lejos,
a mí me extraña
que no nos teja el olvido
sus telarañas.
Caminemos poco a poco,
pero seguros:
los pies de la autonomía
no están bien duros;
luchemos de cuerpo entero,
no por partidos,
por el amor a esta tierra
todos unidos.
Busquemos nuevos caminos
con nuestros medios
sin esperar que, de fuera,
vengan remedios;
que, si estos males de siglos
no se remedian,
será esta tierra escenario
de más tragedias…
Etiquetas:
contradicciones,
desarrollo,
Extremadura,
materias,
productos,
recuerdos,
Sentimientos
viernes, 15 de octubre de 2010
TODAVÍA...
Yo los siento tan cerca, aunque esté lejos
de esos caros rincones de mi infancia
y aún conservo en el alma la fragancia
de mis tiernos recuerdos más añejos.
Todavía refulgen sus reflejos
y, a pesar de mi ausencia, de mi errancia,
del olvido voraz, de la distancia...,
se convierten en versos sin complejos.
Todavía retengo en la retina
de los ojos del alma aquel paisaje
natural de mi infancia campesina.
Son recuerdos..., ingrávido bagaje
en mi vida foránea, peregrina,
con que rindo a mi tierra un homenaje.
de esos caros rincones de mi infancia
y aún conservo en el alma la fragancia
de mis tiernos recuerdos más añejos.
Todavía refulgen sus reflejos
y, a pesar de mi ausencia, de mi errancia,
del olvido voraz, de la distancia...,
se convierten en versos sin complejos.
Todavía retengo en la retina
de los ojos del alma aquel paisaje
natural de mi infancia campesina.
Son recuerdos..., ingrávido bagaje
en mi vida foránea, peregrina,
con que rindo a mi tierra un homenaje.
miércoles, 7 de julio de 2010
RECUERDOS MATERNOS
Al recuerdo indeleble y vitalicio
de mi querida madre, Elisa Ramos Rubio.
Busco entre tus recuerdos mi alegría,
un fulgor infantil que siempre tuve
cuando niño indolente, cuando anduve
de tu amada presencia en compañía.
Tu recuerdo querido, madre mía,
a las cimas del alma se me sube
y allí siento tu voz que grita "¡Uve!"
como tú me nombrabas cada día.
Aunque busco y rebusco por rincones,
por armarios, por cofres, por cajones...,
encontrar mi alegría no consigo.
Y mi vida, tan manca de ilusiones,
sin maternas ternuras, sin tu abrigo,
me sentencia a carencias de mendigo.
de mi querida madre, Elisa Ramos Rubio.
Busco entre tus recuerdos mi alegría,
un fulgor infantil que siempre tuve
cuando niño indolente, cuando anduve
de tu amada presencia en compañía.
Tu recuerdo querido, madre mía,
a las cimas del alma se me sube
y allí siento tu voz que grita "¡Uve!"
como tú me nombrabas cada día.
Aunque busco y rebusco por rincones,
por armarios, por cofres, por cajones...,
encontrar mi alegría no consigo.
Y mi vida, tan manca de ilusiones,
sin maternas ternuras, sin tu abrigo,
me sentencia a carencias de mendigo.
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