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jueves, 14 de enero de 2016

LABRADOR EN LA GRAN CIUDAD

Un impulso febril y turbulento
te apartó de la espiga y de la encina
y dejaste la parda disciplina
que te impuso tu humilde nacimiento.

  Te fuiste a la ciudad  ¡Qué triste acento
de gente presurosa en su rutina
de un humano rebaño que se hacina
entre asfalto, cristales y cemento!

  Y tú, tan natural y tan sencillo,
semejabas un cándido cordero
entre tanto bullicio y tanto brillo.

  La extraña sensación de forastero
te otoñó tu esperanza en amarillo
y siempre te sentiste un prisionero.

2 comentarios:

  1. Hola Wenceslao, soy Ángeles, tu paisana de Navalmoral, nos hemos visto en el Martes Mayor de Plasencia algunas veces. Tu soneto ha arañado mi alma, porque es tan realista para tantos extremeños como emigramos de nuestra tierra.
    Mi padre, siempre se sintió prisionero del asfalto y siempre pensaba en volver a sus campos, de encinas y jaras. Murió sin lograr su sueño, aunque hoy sus huesos están en la tierra que tanto amaba.
    En mi blog "Huellas del alma" tengo un poema muy similar, con el mismo sentimiento en el alma, "Requien por un campesino extremeño" y es que haber tenido que salir de nuestra tierra, nos ha hecho una herida de amor hacia ella.
    Felicidades por tu soneto que me ha impactado en el alma.

    Un abrazo, extremeño.

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  2. Muchas gracias, estimada amiga y paisana morala, Ángeles por tu amplio, emotivo, entrañable comentario a mi soneto. Me alegro de que te haya gustado y te haya "tocado el alma". Tienes toda la razón en tu comentario y tu emotiva alusión a tu querido padre (q.e.p.d.), su amor a nuestra querida Extremadura y su fervoroso deseo de volver a ella...Ando muy atareado, pero cualquier día te hago una visita virtual a tu blog de "Huellas del alma".
    Un abrazo extremeñamente fraterno de tu amigo y paisano
    Wenceslao Mohedas Ramos
    Jaraicejo (Cáceres) / Barcelona.

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