Con las níveas blancuras de sus canas
y negruras de hollín en su vestido,
van con paso pausado y dolorido
de paseo tres trémulas ancianas.
Son tres sombras apenas, ya sin ganas
por vivir un presente sin sentido;
su recuerdo les cambia el recorrido
y conversan de etapas ya lejanas.
Se han quedado tan solas... que su vida
es ya sólo la sala de la espera
donde aguardan la hora de salida.
Y saldrán de esta vida de quimera
a gozar de su gloria merecida
tras cruzar la fatídica frontera.