¡Despertad, despertad, va siendo hora
de poner corazones en contacto
y luchar con amor contra la guerra
todos juntos, unidos por un pacto
los que amamos la paz y, a su servicio,
ponemos las palabras y los actos!
¡Acabemos con tantos enemigos
que amenazan la paz del ser humano:
la mentira, la guerra, la injusticia,
el rencor, la codicia y el engaño…,
arrojando verdades como bombas,
la palabra por arma en nuestros labios,
disparando el rabioso inconformismo
que llevamos por dentro silenciado!
No se puede vivir con la conciencia
tan dormida en un cómodo letargo
al sopor de pesadas digestiones
con un fondo de música, adecuado
para sueños profundos y apacibles
sin que enturbien la paz, los sobresaltos
ni oscuras pesadillas, tan frecuentes
en las negras conciencias de los amos.
No se puede vivir con pensamientos
que ya tienen olores putrefactos,
tantos siglos impuestos, tantos siglos
al capricho voraz de los gusanos;
si están muertos, busquemos sepultura
y un lujoso ataúd para enterrarlos
y sembremos, ¡por fin!, nuevas ideas
que alimenten a todos, no a unos cuantos…
No se puede arropar tanta mentira
con silencios hipócritas y engaños,
disfrazando verdades como soles
con un falso barniz para ocultarnos
la luz para el camino de la vida
y la fuerza vital para el cansancio.
No se puede vivir de las nostalgias
de los fríos escombros del pasado,
de rodillas, pidiendo una limosna
a la puerta cerrada de un avaro
o rogando, con vanas ilusiones,
que remedien el mal desde lo alto
porque el hombre desnudo de esperanza
siempre suele vestirse por abajo…
La manzana del mundo se nos pudre
sin que nadie se inquiete en remediarlo
porque el odio, la envidia y la codicia
van minando su entraña a picotazos
y asesinan la paz y la esperanza
en sombríos despachos a plumazos
y nos visten de luto la alegría
con las telas oscuras del espanto,
condenándole al hombre la tristeza
de vivir como un perro arrinconado.
Se envenena el planeta impunemente
con sustancias mortales y con átomos
que amenazan de muerte a nuestra vida
al eterno temor de algún chispazo…
y se puebla la Tierra de chatarra,
de esqueletos y restos de aparatos
que sirvieron de brazos a la guerra,
al servicio del crimen disfrazado.
No se puede vivir tranquilamente
a la buena de Dios o del Diablo,
cuando un hombre les niega a los demás
sus derechos vitales más primarios:
el derecho a la paz y a la justicia,
el derecho a la vida y al trabajo,
al mendrugo de pan de cada día,
a elegir su camino y su ideario,
el derecho a vestirse de esperanza
y a expresar sus verdades sin reparos
y a otros muchos derechos, tan torcidos
por los mismos de siempre, por los amos,
mercaderes del templo de este mundo
que convierten el templo en un mercado
donde veden la vida y la esperanza
a unos precios de oferta muy baratos.
Se desprecia el valor de la cultura,
programando los vicios más nefastos
para hacer de los hombres marionetas
A merced del negocio de un payaso.
No interesa el saber porque el que sabe
no obedece fielmente a los mandatos
del payaso de turno y siempre tiene
voluntad personal para sus actos;
se prefieren borregos ignorantes
que respeten las normas del rebaño
y que sigan las huellas seculares
muy marcadas después de tantos años.
Se cuida el exterior y se descuida
Lo más puro del ser, lo más humano,
lo que aleja a los hombres de las bestias
y los lleva hacia arriba desde el barro.
Se programa el amor a la apariencia
y al consumo superfluo y descarado
a través de una moda pasajera
que torna en especial lo secundario;
un concepto servil, sanchopancesco
les ata a la materia como esclavos
y así viven conformes, satisfechos…
porque nunca es feliz el insensato.
Siempre existe un peligro permanente
que nos pudre hasta el aire que aspiramos
y nos hace vivir siempre intranquilos,
bajo eterna amenaza atormentados
o dormimos con “drogas” la conciencia
para andar por la vida cual sonámbulos
a buscar un perdido paraíso
que jamás hallaremos porque es falso.
¡Despertad, despertad, va siendo hora
de ponerse a limpiar, pero a destajo,
tanta y tanta basura acumulada
a través de los siglos que llevamos
ensuciando el planeta, nuestra casa,
que es herencia de todos los humanos;
la tenemos tan sucia y descuidada
que da pena y vergüenza y hasta asco....
¡No habrá paz en el mundo mientras haya
tanta triste basura a nuestro lado
bajo forma de guerras o injusticias
y, por ello, tenemos que limpiarlo!..
Wenceslao Mohedas Ramos.
domingo, 25 de septiembre de 2011
NO SE PUEDE VIVIR TRANQUILAMENTE
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injusticia. codicia..,
Mercaderes,
odio,
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Violencia
domingo, 10 de julio de 2011
ATARDECER EXTREMEÑO
Muriendo está la tarde,
una tarde estival, cálida y lenta
que agoniza sobre los curvos montes,
dejando tras de sí purpúreas huellas.
El sol es una herida
redondamente abierta
en el costado de esta tarde tibia
y pone en el azul manchas sangrientas.
Las vaporosas nubes,
amorfas y grotescas,
semejan gigantescos algodones,
rojizos coágulos de sangre fresca.
Del alto campanario
de la vetusta y gigantesca iglesia,
cual pena hecha sonido,
lanzan las campanas sus notas trémulas,
a la oración tocando
en una grave y prolongada queja.
El aire cristalino
de la tarde tranquila y somnolienta
se puebla de metálicos murmullos
de campanas y de aves bullangueras,
que habitan en los huecos de los muros,
bajo las rojas tejas.
En la cuadrada plaza,
algunos niños juegan
sembrando el suave viento vespertino
de frescas risas y de voces tiernas;
una viejecita, de cabellos níveos
y negra vestimenta,
atraviesa la plaza lentamente
con un cántaro de agua en la cabeza.
Por los lejanos campos
de blanquecinas sendas,
van regresando lentos los rebaños
envueltos entre nubes polvorientas,
con metálica música de esquilas,
cual suave lluvia de sonoras perlas.
Por entre los oscuros encinares,
polvo y sudor sobre su piel reseca,
sobre sus lentas bestias encorvados,
vuelven los segadores de la siega.
La curvatura azul
de las lejanas sierras extremeñas
se va difuminando lentamente
tras una leve gasa cenicienta.
La tarde muere silenciosamente,
su faz azul se tiñe de violeta
y el cielo, antes alegre,
se viste con un manto de tinieblas.
Allá, por el oriente,
ya se asoma la luna amarillenta
con cara de una niña avergonzada
que va, por vez primera, a una fiesta…
Así son los ocasos extremeños,
así mueren las tardes de mi tierra,
dejando en el azul rastros sangrientos
y ,en el alma, una estela de tristeza,
tristeza que es la marca
que queda cuando pasa la belleza
ante un alma sensible
que sabe captarla y comprenderla
y vibra cual junquillo leve al viento,
cual una humana antena...
¡Así son los ocasos
que, con amor, mi corazón conserva!...
una tarde estival, cálida y lenta
que agoniza sobre los curvos montes,
dejando tras de sí purpúreas huellas.
El sol es una herida
redondamente abierta
en el costado de esta tarde tibia
y pone en el azul manchas sangrientas.
Las vaporosas nubes,
amorfas y grotescas,
semejan gigantescos algodones,
rojizos coágulos de sangre fresca.
Del alto campanario
de la vetusta y gigantesca iglesia,
cual pena hecha sonido,
lanzan las campanas sus notas trémulas,
a la oración tocando
en una grave y prolongada queja.
El aire cristalino
de la tarde tranquila y somnolienta
se puebla de metálicos murmullos
de campanas y de aves bullangueras,
que habitan en los huecos de los muros,
bajo las rojas tejas.
En la cuadrada plaza,
algunos niños juegan
sembrando el suave viento vespertino
de frescas risas y de voces tiernas;
una viejecita, de cabellos níveos
y negra vestimenta,
atraviesa la plaza lentamente
con un cántaro de agua en la cabeza.
Por los lejanos campos
de blanquecinas sendas,
van regresando lentos los rebaños
envueltos entre nubes polvorientas,
con metálica música de esquilas,
cual suave lluvia de sonoras perlas.
Por entre los oscuros encinares,
polvo y sudor sobre su piel reseca,
sobre sus lentas bestias encorvados,
vuelven los segadores de la siega.
La curvatura azul
de las lejanas sierras extremeñas
se va difuminando lentamente
tras una leve gasa cenicienta.
La tarde muere silenciosamente,
su faz azul se tiñe de violeta
y el cielo, antes alegre,
se viste con un manto de tinieblas.
Allá, por el oriente,
ya se asoma la luna amarillenta
con cara de una niña avergonzada
que va, por vez primera, a una fiesta…
Así son los ocasos extremeños,
así mueren las tardes de mi tierra,
dejando en el azul rastros sangrientos
y ,en el alma, una estela de tristeza,
tristeza que es la marca
que queda cuando pasa la belleza
ante un alma sensible
que sabe captarla y comprenderla
y vibra cual junquillo leve al viento,
cual una humana antena...
¡Así son los ocasos
que, con amor, mi corazón conserva!...
sábado, 2 de julio de 2011
DEMOS GRACIAS A LA DEMOCRACIA
Nuestra vida navega viento en popa,
satisfechos, vivimos a la carta.
Hoy, se come... y alguno hasra se harta
y hasta toma café y puro y copa...
Despreciamos el pan hasta en la sopa
porque dicen que engorda y nos infarta;
cada cual tiene un trozo de la tarta
y se viste a la moda con su ropa.
Demos gracias a nuestra democracia
que permite empaparnos en derroche,
ofreciendo de todo, tal farnacia.
Pero tenga cuidado algún fantoche
no se hunda en un pozo de desgracia
por mear por encima del pitoche...
satisfechos, vivimos a la carta.
Hoy, se come... y alguno hasra se harta
y hasta toma café y puro y copa...
Despreciamos el pan hasta en la sopa
porque dicen que engorda y nos infarta;
cada cual tiene un trozo de la tarta
y se viste a la moda con su ropa.
Demos gracias a nuestra democracia
que permite empaparnos en derroche,
ofreciendo de todo, tal farnacia.
Pero tenga cuidado algún fantoche
no se hunda en un pozo de desgracia
por mear por encima del pitoche...
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despilfrarro,
Vanidad
domingo, 26 de junio de 2011
A UN LATIFUNDISTA EXTREMEÑO
Sometes a intereses personales
una tierra de inmensas dimensiones
e inundas de dolor los corazones
que sumes en negruras abismales.
Cansados de eperar en tus umbrales,
los hijos de esta tierra, a borbotones,
se fueron con su pena a otras naciones
a buscar primaveras laborales...
De espaldas al dolor de tanta gente
y al cáncer de esta tierra malherida,
resides en Madrid tan indolente...
Sólo quieres tenerla convertida
en tu coto privado permanente
donde matas... un tiempo de tu vida.
una tierra de inmensas dimensiones
e inundas de dolor los corazones
que sumes en negruras abismales.
Cansados de eperar en tus umbrales,
los hijos de esta tierra, a borbotones,
se fueron con su pena a otras naciones
a buscar primaveras laborales...
De espaldas al dolor de tanta gente
y al cáncer de esta tierra malherida,
resides en Madrid tan indolente...
Sólo quieres tenerla convertida
en tu coto privado permanente
donde matas... un tiempo de tu vida.
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sangría.
miércoles, 22 de junio de 2011
TE HAS GASTADO TU TIEMPO TONTAMENTE
Te has gastado tu tiempo sin un fin, tontamente,
consumiendo las horas de tu efímera vida,
tal beodo embebido en sorber su bebida
que no cuenta las copas porque ya no las siente.
Has vivido de espaldas al destino, indolente
al sentido del hombre, sin altura debida,
sólo atento al instinto de tu arcilla podrida
y a los vicios de moda que te impuso el ambiente.
Un voraz apetito de primarios placeres
ha prestado a tu cuerpo los mejores servicios,
olvidando del alma los más nobles deberes.
Y ahora llega la hora de pagar la factura
por tu vida empapada de placeres y vicios
con diarias monedas de dolor y amargura...
consumiendo las horas de tu efímera vida,
tal beodo embebido en sorber su bebida
que no cuenta las copas porque ya no las siente.
Has vivido de espaldas al destino, indolente
al sentido del hombre, sin altura debida,
sólo atento al instinto de tu arcilla podrida
y a los vicios de moda que te impuso el ambiente.
Un voraz apetito de primarios placeres
ha prestado a tu cuerpo los mejores servicios,
olvidando del alma los más nobles deberes.
Y ahora llega la hora de pagar la factura
por tu vida empapada de placeres y vicios
con diarias monedas de dolor y amargura...
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vicios
viernes, 10 de junio de 2011
TU CORAZÓN, UN CAMPO DE SECANO
Tu corazón, un campo de secano
devastado por hielos y por vientos
donde quise sembrar mis sentimientos,
lo más puro de mí, lo más humano.
Escogí la semilla grano a grano
y la tierra sembré con miramientos,
la colmé de amorosos tratamientos,
la regué con sudor... ¡Todo fue en vano!
Malgasté mi amorosa economía
en sembrar en tu vida mis amores,
sin tener esperanza, garantía.
Y todo lo perdí: granos, sudores,
cosecha, sentimientos, alegría
y unos años de vida, los mejores...
devastado por hielos y por vientos
donde quise sembrar mis sentimientos,
lo más puro de mí, lo más humano.
Escogí la semilla grano a grano
y la tierra sembré con miramientos,
la colmé de amorosos tratamientos,
la regué con sudor... ¡Todo fue en vano!
Malgasté mi amorosa economía
en sembrar en tu vida mis amores,
sin tener esperanza, garantía.
Y todo lo perdí: granos, sudores,
cosecha, sentimientos, alegría
y unos años de vida, los mejores...
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olvido.,
pérdida
sábado, 21 de mayo de 2011
ELEGÍA PATERNA
A la memoria indeleble e inmarcesible de
mi querido padre, Isidro Mohedas Márquez
Te fuiste, padre mío, de forma muy urgente,
herido de un infarto que impuso su barrera;
tu sangre labradora detuvo su corriente
en triste, prematura y amarga primavera.
Tu débil corazón perdió su movimiento,
contuvo bruscamente su rítmico latido;
tu arcilla envejecida , sin pulso y sin aliento,
quedó ya sin conciencia, materia sin sentido.
Sediento de justicia, te fuiste insatisfecho,
humilde y dolorido Quijote del arado;
labraste sin desmayo, sacando por provecho
cosechas de amargura, de esfuerzo despreciado.
Sembraste en una tierra regada con sudores
que impuso su dureza, sus leyes y su horario:
millares de jornadas con lluvias y calores
pagadas anualmente con ínfimo salario.
Cuidaste de tu tierra con gran delicadeza,
con mimo y con ternura, lo mismo que a una esposa;
limpiaste de su cuerpo matojos y maleza
y, en pago, te entregaba cosecha muy ruinosa.
Amigo de la espiga, del sol y de la encina,
que fueron confidentes de tanto desencanto,
de tanta pena parda que el alma campesina
cosecha en sus entrañas bañadas con su llanto.
Viviste hormigamente, con duros sacrificios:
por sueldo, tu cosecha; por banco, tu granero;
de cara a tu trabajo, de espaldas a los vicios;
por dentro, eras de cera; por fuera, eras de acero.
Hermano del humilde, de todos los de abajo,
que sufren sometidos a ajenas voluntades,
de aquellos que se pagan su pan con su trabajo
y habitan marginados en pueblos y ciudades.
Semillas de tu sangre sembraste en las entrañas
benditas de mi madre, tu noble compañera:
un llanto de alegría regó vuestras pestañas
por fruto tan preciado de humana sementera.
Tuviste solo un hijo, tu fiel fotografía;
plantaste en su conciencia tus nobles ilusiones
y, a cambio, recogiste cosechas de alegría,
de amor y de esperanza en grandes proporciones.
La vida…, ya lo viste: tan solo es un minuto,
muy corto con placeres; con penas, es muy largo;
la muerte nos reclama el último tributo
por huéspedes de un mundo inhóspito y amargo.
Te fuiste, padre mío, de forma inoportuna,
dejándome una estela de lágrimas y penas
y busco soluciones y no encuentro ninguna
que alivie esta amargura que corre por mis venas.
A ciegas, por un mundo de ensueño y pesadilla,
camino solitario como una sombra errante;
no alumbra mi sendero tu luz, que ya no brilla;
mi vida es una noche, su luna está en menguante.
Te busco en todas partes y miro y no te veo;
me encuentro una muralla oculta entre la sombra.
¡Te fuiste para siempre!... Y aún no me lo creo
y clama y te reclama mi voz cuando te nombra.
De noche, por mis sueños, te encuentro en mi camino
y hablamos mutuamente de múltiples asuntos;
despierto bruscamente…; comprendo el desatino
del diálogo de un vivo con seres ya difuntos.
Tu casa, ya mi casa, sombría y desolada
no siente por su seno el cálido revuelo,
el río de alegría, de vida entusiasmada
y llora telarañas de amargo desconsuelo.
Testigos de mi drama, tus prendas personales
renuevan de continuo mi herida por tu ausencia;
su vista me despierta recuerdos paternales
dormidos en el fondo de mi íntima conciencia..
Estéril, sin cultivo , tu tierra es un baldío
vestido con un manto de cardos y de grama;
no ofrece ningún fruto y siente el gran vacío
dejado por su amo que ya no la reclama.
Tus férreas herramientas se enlutan con la herrumbre,
añoran las caricias y el tacto de tus manos
y lloran su futuro de oscura incertidumbre,
inertes compañeras de arañas y gusanos.
¡ Te fuiste, padre mío!...Yo quedo por testigo
y escribo entristecido tu humana trayectoria;
me duele tu partida, te añoro, te bendigo
y riego con mi llanto tu plácida memoria.
Yo canto en estos versos tu límpida nobleza,
tu amor por los humildes, tu austera agricultura,
tu estoico sacrificio, tu férrea firmeza,
tu vida tan sencilla sembrada de ternura.
Y quiero que estos versos te sirvan de homenaje,
escritos con la sangre que vierto por mi herida,
mi sangre -que es tu sangre- prosigue tu linaje
que sigue inexorable las leyes de la vida…
mi querido padre, Isidro Mohedas Márquez
Te fuiste, padre mío, de forma muy urgente,
herido de un infarto que impuso su barrera;
tu sangre labradora detuvo su corriente
en triste, prematura y amarga primavera.
Tu débil corazón perdió su movimiento,
contuvo bruscamente su rítmico latido;
tu arcilla envejecida , sin pulso y sin aliento,
quedó ya sin conciencia, materia sin sentido.
Sediento de justicia, te fuiste insatisfecho,
humilde y dolorido Quijote del arado;
labraste sin desmayo, sacando por provecho
cosechas de amargura, de esfuerzo despreciado.
Sembraste en una tierra regada con sudores
que impuso su dureza, sus leyes y su horario:
millares de jornadas con lluvias y calores
pagadas anualmente con ínfimo salario.
Cuidaste de tu tierra con gran delicadeza,
con mimo y con ternura, lo mismo que a una esposa;
limpiaste de su cuerpo matojos y maleza
y, en pago, te entregaba cosecha muy ruinosa.
Amigo de la espiga, del sol y de la encina,
que fueron confidentes de tanto desencanto,
de tanta pena parda que el alma campesina
cosecha en sus entrañas bañadas con su llanto.
Viviste hormigamente, con duros sacrificios:
por sueldo, tu cosecha; por banco, tu granero;
de cara a tu trabajo, de espaldas a los vicios;
por dentro, eras de cera; por fuera, eras de acero.
Hermano del humilde, de todos los de abajo,
que sufren sometidos a ajenas voluntades,
de aquellos que se pagan su pan con su trabajo
y habitan marginados en pueblos y ciudades.
Semillas de tu sangre sembraste en las entrañas
benditas de mi madre, tu noble compañera:
un llanto de alegría regó vuestras pestañas
por fruto tan preciado de humana sementera.
Tuviste solo un hijo, tu fiel fotografía;
plantaste en su conciencia tus nobles ilusiones
y, a cambio, recogiste cosechas de alegría,
de amor y de esperanza en grandes proporciones.
La vida…, ya lo viste: tan solo es un minuto,
muy corto con placeres; con penas, es muy largo;
la muerte nos reclama el último tributo
por huéspedes de un mundo inhóspito y amargo.
Te fuiste, padre mío, de forma inoportuna,
dejándome una estela de lágrimas y penas
y busco soluciones y no encuentro ninguna
que alivie esta amargura que corre por mis venas.
A ciegas, por un mundo de ensueño y pesadilla,
camino solitario como una sombra errante;
no alumbra mi sendero tu luz, que ya no brilla;
mi vida es una noche, su luna está en menguante.
Te busco en todas partes y miro y no te veo;
me encuentro una muralla oculta entre la sombra.
¡Te fuiste para siempre!... Y aún no me lo creo
y clama y te reclama mi voz cuando te nombra.
De noche, por mis sueños, te encuentro en mi camino
y hablamos mutuamente de múltiples asuntos;
despierto bruscamente…; comprendo el desatino
del diálogo de un vivo con seres ya difuntos.
Tu casa, ya mi casa, sombría y desolada
no siente por su seno el cálido revuelo,
el río de alegría, de vida entusiasmada
y llora telarañas de amargo desconsuelo.
Testigos de mi drama, tus prendas personales
renuevan de continuo mi herida por tu ausencia;
su vista me despierta recuerdos paternales
dormidos en el fondo de mi íntima conciencia..
Estéril, sin cultivo , tu tierra es un baldío
vestido con un manto de cardos y de grama;
no ofrece ningún fruto y siente el gran vacío
dejado por su amo que ya no la reclama.
Tus férreas herramientas se enlutan con la herrumbre,
añoran las caricias y el tacto de tus manos
y lloran su futuro de oscura incertidumbre,
inertes compañeras de arañas y gusanos.
¡ Te fuiste, padre mío!...Yo quedo por testigo
y escribo entristecido tu humana trayectoria;
me duele tu partida, te añoro, te bendigo
y riego con mi llanto tu plácida memoria.
Yo canto en estos versos tu límpida nobleza,
tu amor por los humildes, tu austera agricultura,
tu estoico sacrificio, tu férrea firmeza,
tu vida tan sencilla sembrada de ternura.
Y quiero que estos versos te sirvan de homenaje,
escritos con la sangre que vierto por mi herida,
mi sangre -que es tu sangre- prosigue tu linaje
que sigue inexorable las leyes de la vida…
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