(Lamentación que escuché
de boca de un emigrante)
Porque aparto mis pasos del rebaño
y no sigo sumisas servidumbres,
ni me dejo arrastrar por las costumbres
que esclavizan al hombre desde antaño.
Porque vivo de espaldas al engaño
de la inerte materia y sus relumbres
y me gustan los vientos de las cumbres
que me barren del alma el desengaño.
Porque tengo una escala de valores
tan distinta a la vuestra que prefiero
cultivar el saber, no los sabores.
Como a gallo en ajeno gallinero,
me miráis por prejuicios y rencores...
¡y, en mi tierra, me siento forastero!