(A ciertas jóvenes libertinas pseudomodernas)
Van de noche, en pandilla, tal las lobas
a vivir y a beber como insensatas
y a llenarse tal cubas con cubatas,
con relumbres de estrellas… supernovas.
Van en coche, entre latas, como anchovas
a buscarse emociones inmediatas
y se dan en ofertas muy baratas
en los coches, sus lúbricas alcobas.
En placeres carnales, son precoces
y, en sus charlas nocturnas, son procaces:
palabrotas, insultos …, siempre a voces.
En sus prisas, semejan camicaces
por las pistas vitales más veloces
y, en sentido contrario, en sus solaces.
viernes, 19 de abril de 2013
miércoles, 10 de abril de 2013
CIGARRA HUMANA
Mutilas tu salario, aunque dilatas
tu tiempo de trabajo y de fatigas
y, aunque imitas primero a las hormigas,
tal cegata cigarra te delatas.
Tus pobres esperanzas tan baratas
al consumo le entregas por intrigas
y te da por tu esfuerzo sólo migas:
aparatos, productos... ¡cuatro latas!
Por un falso ideal de señorío,
tú prefieres vivir de escaparate,
rellenando de objetos tu vacío...
Y tu vida servil ya sin quilate
se debate entre el gozo y el hastío
con ganancias y gastos en empate...
tu tiempo de trabajo y de fatigas
y, aunque imitas primero a las hormigas,
tal cegata cigarra te delatas.
Tus pobres esperanzas tan baratas
al consumo le entregas por intrigas
y te da por tu esfuerzo sólo migas:
aparatos, productos... ¡cuatro latas!
Por un falso ideal de señorío,
tú prefieres vivir de escaparate,
rellenando de objetos tu vacío...
Y tu vida servil ya sin quilate
se debate entre el gozo y el hastío
con ganancias y gastos en empate...
viernes, 8 de marzo de 2013
CONCIENCIA POPULAR
Hacia el surco del verso, se me inclina
mi conciencia que siembra lo que piensa
y mi vida es más plena y más intensa
si rechazo el carril de la rutina.
Con tesón, sin encono y sin inquina,
voy haciendo mi hacienda más extensa
y no espero ni aspiro a recompensa;
¡lo importante es el pan , no la pamplina!
Por recuerdo paterno, tan intenso,
nunca oculto mi origen campesino
y a la gente sencilla soy propenso.
Yo prefiero, a lo largo del camino,
el olor de la jara al del incienso
y llamar al pan, pan y al vivo, vino.
mi conciencia que siembra lo que piensa
y mi vida es más plena y más intensa
si rechazo el carril de la rutina.
Con tesón, sin encono y sin inquina,
voy haciendo mi hacienda más extensa
y no espero ni aspiro a recompensa;
¡lo importante es el pan , no la pamplina!
Por recuerdo paterno, tan intenso,
nunca oculto mi origen campesino
y a la gente sencilla soy propenso.
Yo prefiero, a lo largo del camino,
el olor de la jara al del incienso
y llamar al pan, pan y al vivo, vino.
domingo, 3 de marzo de 2013
BROCHAZOS AUTOBIOGRÁFICOS
Ya sesentaitantos efímeros años
que vine a este mundo,
una oscura noche de un otoño triste
como el más preciado y único fruto
de una labradora y humilde familia
que extremeñamente vivió del terruño,
cuando nuestra España, borracha de sangre
y hambrienta de panes, se vistió de luto,
tras la fratricida e incivil contienda
y su cuarentena de miseria y yugo.
Fue feliz mi infancia
-jardín cultivado con fervor de culto
por mis nobles padres de amor empapados
y ya sólo un ramo de recuerdos mustios
que guardo en el alma como una reliquia
con esmero sumo-.
Transcurrió mi infancia entre encinas grises,
bestias, herramientas, espigas y surcos…,
en contacto pleno con Naturaleza,
en trato fecundo
que me dio ejemplares y pardas lecciones
para un mundo injusto, difícil, absurdo
y me vacunaron contra vanidades
y orgullos ilusos.
De la dura escuela de la agricultura
fui aplicado alumno
y estudié problemas que aún no se han resuelto:
grandes superficies en gris latifundio
que no se dividen y sí multiplican
sumas de intereses a su amo absoluto
y restan salarios a humildes familias…,
¡para el bien de pocos el mal de los muchos!.
En mis juveniles y mociles años,
me apliqué al estudio
pagado en monedas de sudor paterno
y en mi entrega plena de esfuerzo rotundo.
Me libré con libros de gratas mentiras
y del conformismo cómodo y cazurro
que retorna al hombre al torpe amasijo
de sombras e impulsos.
Cultivé inquietudes sublimes y nobles,
como el padre amado su austero terruño:
cultura y cultivo, fiel paralelismo
de pluma y de arado, de línea y de surco.
Mi razón insomne rechazó leyendas
y cuentos vetustos con glorioso tufo
de rancios olores que atufan el alma
y ocultan verdades tras cortinas de humo.
Yo busqué razones, caminos, atajos
a mis pasos ciegos por el novilunio
de mi negra noche, tal de tinta china,
sin luz y sin rumbo;
aparté las sombras, escombros, costumbres,
ancestrales ruinas de un pasado oscuro
y dejé expedito de tanta maleza
mi camino abrupto.
Por hambre de libros
y paterno influjo,
cursé una carrera que hoy no se cotiza
ni renta intereses, prestigios o triunfos
en mundo que tiene por norte el dinero
porque no produce palpables productos:
artefactos, coches, inventos, vestidos…,
de volubles modas que marca el consumo;
cultivé cultura, ideas, sentimientos…,
asuntos del alma que no meten bulto
ni ocupan lugar… en la nueva escala
de inciertos valores de tantos incultos.
Partí de mi tierra con rabia y desgarro
a buscar futuro
donde no pesara tal losa el pasado
y el presente fuera más claro y seguro.
De sembrar cultura vivo en otras tierras
donde eché raíces para dar el fruto,
mi humilde cosecha de saber humano
y, a cambio , consigo el salario justo
de pan y esperanza para el ir tirando
muy lejos de lujos ,
de esa vida muelle pobremente rica,
tan yerma y postiza que gozan algunos.
Entiendo el progreso tal riqueza íntima,
un tesoro interno, personal, profundo
de ideas, sentimientos, de ciencia y conciencia,
un fiel micromundo,
reflejo en pequeño del gran universo,
no un vacío lleno de estéril consumo,
triste escaparate con bella apariencia
que seduce y ciega con falaz embrujo.
Un ferviente orgullo de ser extremeño
recorre mis venas por los cuatro puntos
cardinales de hombre sin cartón ni trampa,
a pecho desnudo.
Allí donde vaya, llevo a Extremadura,
su voz en mis labios, su sangre en mi pulso
y el amor inmenso que por ella siento
a versos traduzco
por regar raíces resecas de ausencias
de tanto extremeño que anda por el mundo.
No escribo mis versos por juego evasivo,
por prestigio o gusto;
compongo poemas por fiel compromiso
con gente y con tierra y, por ellas, lucho
con las nobles armas que tengo a mi alcance,
mi voz y mi pluma siempre en ristre, a punto
porque mi conciencia me impone que escriba
y, al hacerlo, sufro
sobre las cuartillas, campo de batalla,
donde sangro y sudo,
sangre de mi espíritu, sudores mentales
y así os voy dejando mi vida en tributo…
que vine a este mundo,
una oscura noche de un otoño triste
como el más preciado y único fruto
de una labradora y humilde familia
que extremeñamente vivió del terruño,
cuando nuestra España, borracha de sangre
y hambrienta de panes, se vistió de luto,
tras la fratricida e incivil contienda
y su cuarentena de miseria y yugo.
Fue feliz mi infancia
-jardín cultivado con fervor de culto
por mis nobles padres de amor empapados
y ya sólo un ramo de recuerdos mustios
que guardo en el alma como una reliquia
con esmero sumo-.
Transcurrió mi infancia entre encinas grises,
bestias, herramientas, espigas y surcos…,
en contacto pleno con Naturaleza,
en trato fecundo
que me dio ejemplares y pardas lecciones
para un mundo injusto, difícil, absurdo
y me vacunaron contra vanidades
y orgullos ilusos.
De la dura escuela de la agricultura
fui aplicado alumno
y estudié problemas que aún no se han resuelto:
grandes superficies en gris latifundio
que no se dividen y sí multiplican
sumas de intereses a su amo absoluto
y restan salarios a humildes familias…,
¡para el bien de pocos el mal de los muchos!.
En mis juveniles y mociles años,
me apliqué al estudio
pagado en monedas de sudor paterno
y en mi entrega plena de esfuerzo rotundo.
Me libré con libros de gratas mentiras
y del conformismo cómodo y cazurro
que retorna al hombre al torpe amasijo
de sombras e impulsos.
Cultivé inquietudes sublimes y nobles,
como el padre amado su austero terruño:
cultura y cultivo, fiel paralelismo
de pluma y de arado, de línea y de surco.
Mi razón insomne rechazó leyendas
y cuentos vetustos con glorioso tufo
de rancios olores que atufan el alma
y ocultan verdades tras cortinas de humo.
Yo busqué razones, caminos, atajos
a mis pasos ciegos por el novilunio
de mi negra noche, tal de tinta china,
sin luz y sin rumbo;
aparté las sombras, escombros, costumbres,
ancestrales ruinas de un pasado oscuro
y dejé expedito de tanta maleza
mi camino abrupto.
Por hambre de libros
y paterno influjo,
cursé una carrera que hoy no se cotiza
ni renta intereses, prestigios o triunfos
en mundo que tiene por norte el dinero
porque no produce palpables productos:
artefactos, coches, inventos, vestidos…,
de volubles modas que marca el consumo;
cultivé cultura, ideas, sentimientos…,
asuntos del alma que no meten bulto
ni ocupan lugar… en la nueva escala
de inciertos valores de tantos incultos.
Partí de mi tierra con rabia y desgarro
a buscar futuro
donde no pesara tal losa el pasado
y el presente fuera más claro y seguro.
De sembrar cultura vivo en otras tierras
donde eché raíces para dar el fruto,
mi humilde cosecha de saber humano
y, a cambio , consigo el salario justo
de pan y esperanza para el ir tirando
muy lejos de lujos ,
de esa vida muelle pobremente rica,
tan yerma y postiza que gozan algunos.
Entiendo el progreso tal riqueza íntima,
un tesoro interno, personal, profundo
de ideas, sentimientos, de ciencia y conciencia,
un fiel micromundo,
reflejo en pequeño del gran universo,
no un vacío lleno de estéril consumo,
triste escaparate con bella apariencia
que seduce y ciega con falaz embrujo.
Un ferviente orgullo de ser extremeño
recorre mis venas por los cuatro puntos
cardinales de hombre sin cartón ni trampa,
a pecho desnudo.
Allí donde vaya, llevo a Extremadura,
su voz en mis labios, su sangre en mi pulso
y el amor inmenso que por ella siento
a versos traduzco
por regar raíces resecas de ausencias
de tanto extremeño que anda por el mundo.
No escribo mis versos por juego evasivo,
por prestigio o gusto;
compongo poemas por fiel compromiso
con gente y con tierra y, por ellas, lucho
con las nobles armas que tengo a mi alcance,
mi voz y mi pluma siempre en ristre, a punto
porque mi conciencia me impone que escriba
y, al hacerlo, sufro
sobre las cuartillas, campo de batalla,
donde sangro y sudo,
sangre de mi espíritu, sudores mentales
y así os voy dejando mi vida en tributo…
viernes, 22 de febrero de 2013
LÍRICA OFRENDA
Tal dulce azucarillo, me deshago
entre versos diversos que le entrego
como lírica ofrenda, por mi apego
a mi gente extremeña, como un pago.
Y todo lo que soy y lo que hago
a una única carta me lo juego;
no me inquieta si pierdo mi sosiego
ni si gano el desprecio o el halago.
Con mis versos, yo sigo y no persigo
que me rieguen mi ego, ni me arrogo
de poeta pendiente de su ombligo.
No doblego mi cuello a ningún yugo
-la cultura me ha dado un desahogo-
ni mendigo migaja ni mendrugo...
entre versos diversos que le entrego
como lírica ofrenda, por mi apego
a mi gente extremeña, como un pago.
Y todo lo que soy y lo que hago
a una única carta me lo juego;
no me inquieta si pierdo mi sosiego
ni si gano el desprecio o el halago.
Con mis versos, yo sigo y no persigo
que me rieguen mi ego, ni me arrogo
de poeta pendiente de su ombligo.
No doblego mi cuello a ningún yugo
-la cultura me ha dado un desahogo-
ni mendigo migaja ni mendrugo...
lunes, 18 de febrero de 2013
CONFESIONES AUTOBIOGRÁFICAS
Una noche de otoño, vine al mundo,
a este valle del llanto y de la pena,
por los surcos profundos de la sangre
de una humana y ferviente sementera.
Fui preciada cosecha de unos padre
que labraron fielmente la parcela
de su amor con abonos de ternura
y yo fui su anhelada recompensa.
Heredé de mi madre la ternura,
el afecto hacia el otro, la nobleza…;
de mi padre, el tesón, los ideales,
el amor al trabajo, la entereza.
Habité desde niño entre encinares,
de la encima emulando la dureza;
yo bebí de la aguas del regato
y dormí sobre pajas en las eras.
Yo viví entre los nobles animales,
compartiendo sus tratos y vivencias
y llegué a conclusiones dolorosas:
¡es peor el humano que la bestia!
Conviví con mi gente muchos años
en perfecta y completa convivencia,
-uno más- sin dobleces ni arrogancias,
sin la mínima sombra de soberbia.
Compartí con vosotros los trabajos,
siempre al lado del tajo, de la brecha
de las duras y agrícolas labores
por sentir vuestras propias experiencias.
Tendí puentes de unión hacia vosotros
-no alambradas o muros o barreras-
Porque quise contactos muy directos
Con mis gentes sencillas y sinceras.
Me alegré con ajenas alegrías
y sufrí, como propias, vuestras penas,
con el alma de limpio, sin dobleces,
para ajenos servicios bien dispuesta.
Yo pagué con sudores el sustento
de mi vida tan seria, tan austera…,
con trabajos campestres, estivales,
a la sombra paterna, tan señera.
Me marqué con la hoz en el meñique
de mi mano siniestra, jornalera,
en combate infernal con las espigas
de la ardiente campaña de la siega.
Fui feliz en mi infancia campesina
en labores del campo y de la escuela,
ya tomando la azada, ya la pluma,
siempre amigo de libros y herramientas.
Ni el más leve mordisco de la envidia
-con su corvo colmillo de culebra-
padecí en mis entrañas, tan sensibles,
porque fui vacunado contra ella.
Me pasé del cultivo a la cultura,
a labores mentales, de cabeza,
porque quise subir por el saber
hacia el mundo sutil de las ideas.
Me arrancó de mi tierra y de mi gente
una loca y violenta ventolera:
el amor , con su imán irresistible,
me arrastró hacia el destierro de la ausencia.
A pesar de pisar en otro suelo,
tan distante y distinto a mis veredas,
no se ha roto el cordón umbilical,
que me liga por vida con mi tierra.
Me pasé muchos años, los mejores,
en las aulas- las jaulas- entre “fieras”
disfrazadas de niños, trasvasando
pensamientos, sentimientos, ideas.
Me cumplí por completo en mis deberes,
dedicado de pleno a mis tareas,
pero mi alma –la abeja laboriosa-
me exigió más esfuerzo en horas extras.
Defendí con la pluma y la palabra
a mi gente y mis tierras extremeñas
y ensalcé sus productos, sus paisajes,
sus ciudades, sus gentes más selectas.
Yo sembré por los surcos de los versos
mis queridos recuerdos y vivencias
por librarlos del buitre del olvido,
vigilante, a distancia, de sus presas.
Yo di voces a veces desde lejos
a los duros de oído y de conciencia,
a los blandos de sueño y de costumbres,
a los largos y rápidos de lengua.
Porque quise con gritos despertarlos
del sopor bochornoso de su siesta
y ponerlos de pie con la cultura,
en estado más óptimo, en alerta.
No dictaron envidias ni rencores
ni las turbias pasiones más abyectas
estos versos sencillos, doloridos,
sin afanes de infamia ni de ofensa.
Los dictó un corazón enamorado,
aprendiz de jilguero, de poeta,
que descarga en las brisas vagabundas
desencantos, lamentos y tristezas.
He ofrecido a mis estos frutos,
como ofrece el cofrade sus ofrendas
a la Virgen Bendita del Rosario,
nuestra Santa Patrona, por sus fiestas.
Qué contentas mis gentes biennacidas
con “mis ramos de rimas” , mi cosecha,
de su boca emanaban alabanzas
naturales, sencillas…como ellas.
Y me daban la mano, agradecidas,
con su grata y sincera enhorabuena,
yo les daba la mía y mis deseos
de lectura fecunda, placentera…
Qué mal pago me dieron los ingratos,
bajo forma de fría indiferencia,
de desprecios cerriles , de desaires
y de un trato basado en malas tretas…
No me dieron la mano, si la espalda,
que la cara es espejo que refleja
los arcanos del alma donde duerme
lo que resta en nosotros de la bestia.
Por expertos peritos en la infamia,
por estrechos de mira y de mollera,
imitaban su humor al calamar:
arrojar sus negruras a sus presas.
Se portaron así porque ellos tienen
corazón con durezas berroqueñas,
habitado de histérico avispero
que aguijona la sangre de sus venas.
Yo fui el blanco de negros sentimientos
y la humana diana de sus flechas,
disparadas por sádicas inquinas
de cainita y vesánica demencia.
Fui la pieza de caza más preciada
-su gacela más débil e indefensa-
para el hambre lobuna de su envidia
que acechaba escondida en su maleza.
Mi epidermis del alma en carne viva
me dejaron las garras de esas fieras,
me curé con balsámica vacuna,
la poesía que sirve de anestesia.
Me cortaron las ramas de la risa
con un hacha afilada- su blasfemia-
y arrancarme quisieron las raíces
de la encina del alma, tan señera.
Espinosos alambres me pusieron
a lo largo y lo ancho de mi senda
porque no hallara nunca la salida
y cayera, ya exhausto, en la cuneta.
Me cargaron sus culpas los culpables
y los míseros de alma, sus miserias;
los más necios e injustos fueron jueces
dictaron su juicio y mi sentencia.
Tuve sed ardorosa de ternura,
tuve un hambre voraz de convivencia,
mas las babas rabiosas de esos lobos
me infestaron mis fuentes , mis acequias.
No almaceno en el alma sentimientos
de rencor , de venganza…, aunque me duelan
los desgarros y heridas de sus garras
por ser hombre sin sombras, por poeta.
Desde el valle, me subo hacia las cumbres
a buscar de las brisas la pureza
y la paz del espíritu, muy lejos
de esa vida social tan farisea.
Solitario y tranquilo, en las alturas,
vivo libre de estériles contiendas
y , alejado de judas y caínes,
me dedico a mis líricas tareas.
Porque sigo sembrando por mis versos
lo que observo en los llanos y en las vegas
y lo riego y lo abono y lo cultivo
para próxima y prolífica cosecha.
Mientras queden semillas de esperanza
en las trojes del alma y tenga fuerzas,
seguiré con mi lírica labranza
por amor a mis gentes y a mi tierra….
a este valle del llanto y de la pena,
por los surcos profundos de la sangre
de una humana y ferviente sementera.
Fui preciada cosecha de unos padre
que labraron fielmente la parcela
de su amor con abonos de ternura
y yo fui su anhelada recompensa.
Heredé de mi madre la ternura,
el afecto hacia el otro, la nobleza…;
de mi padre, el tesón, los ideales,
el amor al trabajo, la entereza.
Habité desde niño entre encinares,
de la encima emulando la dureza;
yo bebí de la aguas del regato
y dormí sobre pajas en las eras.
Yo viví entre los nobles animales,
compartiendo sus tratos y vivencias
y llegué a conclusiones dolorosas:
¡es peor el humano que la bestia!
Conviví con mi gente muchos años
en perfecta y completa convivencia,
-uno más- sin dobleces ni arrogancias,
sin la mínima sombra de soberbia.
Compartí con vosotros los trabajos,
siempre al lado del tajo, de la brecha
de las duras y agrícolas labores
por sentir vuestras propias experiencias.
Tendí puentes de unión hacia vosotros
-no alambradas o muros o barreras-
Porque quise contactos muy directos
Con mis gentes sencillas y sinceras.
Me alegré con ajenas alegrías
y sufrí, como propias, vuestras penas,
con el alma de limpio, sin dobleces,
para ajenos servicios bien dispuesta.
Yo pagué con sudores el sustento
de mi vida tan seria, tan austera…,
con trabajos campestres, estivales,
a la sombra paterna, tan señera.
Me marqué con la hoz en el meñique
de mi mano siniestra, jornalera,
en combate infernal con las espigas
de la ardiente campaña de la siega.
Fui feliz en mi infancia campesina
en labores del campo y de la escuela,
ya tomando la azada, ya la pluma,
siempre amigo de libros y herramientas.
Ni el más leve mordisco de la envidia
-con su corvo colmillo de culebra-
padecí en mis entrañas, tan sensibles,
porque fui vacunado contra ella.
Me pasé del cultivo a la cultura,
a labores mentales, de cabeza,
porque quise subir por el saber
hacia el mundo sutil de las ideas.
Me arrancó de mi tierra y de mi gente
una loca y violenta ventolera:
el amor , con su imán irresistible,
me arrastró hacia el destierro de la ausencia.
A pesar de pisar en otro suelo,
tan distante y distinto a mis veredas,
no se ha roto el cordón umbilical,
que me liga por vida con mi tierra.
Me pasé muchos años, los mejores,
en las aulas- las jaulas- entre “fieras”
disfrazadas de niños, trasvasando
pensamientos, sentimientos, ideas.
Me cumplí por completo en mis deberes,
dedicado de pleno a mis tareas,
pero mi alma –la abeja laboriosa-
me exigió más esfuerzo en horas extras.
Defendí con la pluma y la palabra
a mi gente y mis tierras extremeñas
y ensalcé sus productos, sus paisajes,
sus ciudades, sus gentes más selectas.
Yo sembré por los surcos de los versos
mis queridos recuerdos y vivencias
por librarlos del buitre del olvido,
vigilante, a distancia, de sus presas.
Yo di voces a veces desde lejos
a los duros de oído y de conciencia,
a los blandos de sueño y de costumbres,
a los largos y rápidos de lengua.
Porque quise con gritos despertarlos
del sopor bochornoso de su siesta
y ponerlos de pie con la cultura,
en estado más óptimo, en alerta.
No dictaron envidias ni rencores
ni las turbias pasiones más abyectas
estos versos sencillos, doloridos,
sin afanes de infamia ni de ofensa.
Los dictó un corazón enamorado,
aprendiz de jilguero, de poeta,
que descarga en las brisas vagabundas
desencantos, lamentos y tristezas.
He ofrecido a mis estos frutos,
como ofrece el cofrade sus ofrendas
a la Virgen Bendita del Rosario,
nuestra Santa Patrona, por sus fiestas.
Qué contentas mis gentes biennacidas
con “mis ramos de rimas” , mi cosecha,
de su boca emanaban alabanzas
naturales, sencillas…como ellas.
Y me daban la mano, agradecidas,
con su grata y sincera enhorabuena,
yo les daba la mía y mis deseos
de lectura fecunda, placentera…
Qué mal pago me dieron los ingratos,
bajo forma de fría indiferencia,
de desprecios cerriles , de desaires
y de un trato basado en malas tretas…
No me dieron la mano, si la espalda,
que la cara es espejo que refleja
los arcanos del alma donde duerme
lo que resta en nosotros de la bestia.
Por expertos peritos en la infamia,
por estrechos de mira y de mollera,
imitaban su humor al calamar:
arrojar sus negruras a sus presas.
Se portaron así porque ellos tienen
corazón con durezas berroqueñas,
habitado de histérico avispero
que aguijona la sangre de sus venas.
Yo fui el blanco de negros sentimientos
y la humana diana de sus flechas,
disparadas por sádicas inquinas
de cainita y vesánica demencia.
Fui la pieza de caza más preciada
-su gacela más débil e indefensa-
para el hambre lobuna de su envidia
que acechaba escondida en su maleza.
Mi epidermis del alma en carne viva
me dejaron las garras de esas fieras,
me curé con balsámica vacuna,
la poesía que sirve de anestesia.
Me cortaron las ramas de la risa
con un hacha afilada- su blasfemia-
y arrancarme quisieron las raíces
de la encina del alma, tan señera.
Espinosos alambres me pusieron
a lo largo y lo ancho de mi senda
porque no hallara nunca la salida
y cayera, ya exhausto, en la cuneta.
Me cargaron sus culpas los culpables
y los míseros de alma, sus miserias;
los más necios e injustos fueron jueces
dictaron su juicio y mi sentencia.
Tuve sed ardorosa de ternura,
tuve un hambre voraz de convivencia,
mas las babas rabiosas de esos lobos
me infestaron mis fuentes , mis acequias.
No almaceno en el alma sentimientos
de rencor , de venganza…, aunque me duelan
los desgarros y heridas de sus garras
por ser hombre sin sombras, por poeta.
Desde el valle, me subo hacia las cumbres
a buscar de las brisas la pureza
y la paz del espíritu, muy lejos
de esa vida social tan farisea.
Solitario y tranquilo, en las alturas,
vivo libre de estériles contiendas
y , alejado de judas y caínes,
me dedico a mis líricas tareas.
Porque sigo sembrando por mis versos
lo que observo en los llanos y en las vegas
y lo riego y lo abono y lo cultivo
para próxima y prolífica cosecha.
Mientras queden semillas de esperanza
en las trojes del alma y tenga fuerzas,
seguiré con mi lírica labranza
por amor a mis gentes y a mi tierra….
domingo, 3 de febrero de 2013
CANTO A EXTREMADURA
A Pastora Montero Montero , mi esposa
Tu pasado fue escrito con sangre
de una raza robusta y fogosa
que imitó su dureza a la encina
resignada, severa y frondosa.
Muchas páginas con letras de oro
se escribieron por ti en nuestra historia
por conquistas en un Nuevo Mundo
para honor de la historia española;
por ti tienen acento extremeño
ciudades y ríos y personas
de las tierras de América Hispana
que reflejan tu sangre en la propia.
Con Pizarro, Cortés y Valdivia
y otros muchos…, subiste tu honra
a la altura de cumbres andinas
y brilló como el oro tu gloria…
Tu pasado ha seguido presente
cuatro siglos pesando cual losa
en tu espalda frenándole el paso
a un progreso que impone sus normas.
Cinco siglos de siesta, dormida,
al sopor de una gloria costosa
que has pagado en monedas de sangre,
de tu sangre más joven y hermosa.
No se puede vivir del recuerdo
de pasadas hazañas gloriosas,
se recogen en bellos joyeros
como joyas de herencias remotas.
¡Basta ya, Extremadura querida,
no consientas tu expolio y deshonra
y conquista tu propio futuro
sin ayudas ajenas, autónoma!
Ya se esfuman las nubes oscuras
que vestían de luto tu aurora
y ocultaban el sol, la esperanza,
tras un velo postizo de sombras.
Por las altas Villuercas azules,
un radiante horizonte se asoma
a alumbrarte con luz tu camino
que andarás por ti misma, ya sola.
Ya despiertas, por fin, al presente
con mirada muy triste y borrosa
por la anemia de tanta sangría
de tu herida sangrándote a gotas…
Un millón de tus hijos se han ido
con su pena a otra parte por honra
a buscar lo que en ti no encontraron:
una vida más digna y honrosa;
y levantan las otras regiones
con su entrega total, generosa,
como humildes Quijotes errantes
que abandonan su tierra por otra.
Las materias, también emigrantes,
se nos marchan de aquí temerosas
a buscar las ajenas industrias
porque aquí no tenemos las propias.
En estériles manos, la tierra
en un pardo abandono reposa
condenada a ser coto de caza
de una clase social caprichosa.
Muchas manos en paro sumisas
se someten a un sueldo-limosna,
esperando eficaces recetas
a estas crisis social, lastimosa.
¡Basta ya, Extremadura querida,
no consientas tu expolio y deshonra
y conquista tu propio futuro
sin ayudas ajenas, autónoma!
Un futuro glorioso te espera
si te alzaras en pie presurosa
y curaras tus hondas heridas
que te dejan escuálida y floja;
si tus hijos ausentes tornaran
de su ausencia servil, dolorosa,
donde comen el pan de un destierro
en las mesas ajenas si sobra;
si tus amplias llanuras bebieran
y saciaran su sed ardorosa
con las aguas de todos tus ríos
sin basuras ni babas atómicas;
si trataras tus primas materias
de una forma eficaz, provechosa;
si tus hijos unieran su esfuerzo
cada cual rezumando su gota,
cambiaríamos la faz de esta tierra
convirtiéndola en rica y hermosa…
¡Basta ya, Extremadura querida,
no consientas tu expolio y deshonra
y conquista tu propio futuro
sin ayudas ajenas, autónoma!
Tu pasado fue escrito con sangre
de una raza robusta y fogosa
que imitó su dureza a la encina
resignada, severa y frondosa.
Muchas páginas con letras de oro
se escribieron por ti en nuestra historia
por conquistas en un Nuevo Mundo
para honor de la historia española;
por ti tienen acento extremeño
ciudades y ríos y personas
de las tierras de América Hispana
que reflejan tu sangre en la propia.
Con Pizarro, Cortés y Valdivia
y otros muchos…, subiste tu honra
a la altura de cumbres andinas
y brilló como el oro tu gloria…
Tu pasado ha seguido presente
cuatro siglos pesando cual losa
en tu espalda frenándole el paso
a un progreso que impone sus normas.
Cinco siglos de siesta, dormida,
al sopor de una gloria costosa
que has pagado en monedas de sangre,
de tu sangre más joven y hermosa.
No se puede vivir del recuerdo
de pasadas hazañas gloriosas,
se recogen en bellos joyeros
como joyas de herencias remotas.
¡Basta ya, Extremadura querida,
no consientas tu expolio y deshonra
y conquista tu propio futuro
sin ayudas ajenas, autónoma!
Ya se esfuman las nubes oscuras
que vestían de luto tu aurora
y ocultaban el sol, la esperanza,
tras un velo postizo de sombras.
Por las altas Villuercas azules,
un radiante horizonte se asoma
a alumbrarte con luz tu camino
que andarás por ti misma, ya sola.
Ya despiertas, por fin, al presente
con mirada muy triste y borrosa
por la anemia de tanta sangría
de tu herida sangrándote a gotas…
Un millón de tus hijos se han ido
con su pena a otra parte por honra
a buscar lo que en ti no encontraron:
una vida más digna y honrosa;
y levantan las otras regiones
con su entrega total, generosa,
como humildes Quijotes errantes
que abandonan su tierra por otra.
Las materias, también emigrantes,
se nos marchan de aquí temerosas
a buscar las ajenas industrias
porque aquí no tenemos las propias.
En estériles manos, la tierra
en un pardo abandono reposa
condenada a ser coto de caza
de una clase social caprichosa.
Muchas manos en paro sumisas
se someten a un sueldo-limosna,
esperando eficaces recetas
a estas crisis social, lastimosa.
¡Basta ya, Extremadura querida,
no consientas tu expolio y deshonra
y conquista tu propio futuro
sin ayudas ajenas, autónoma!
Un futuro glorioso te espera
si te alzaras en pie presurosa
y curaras tus hondas heridas
que te dejan escuálida y floja;
si tus hijos ausentes tornaran
de su ausencia servil, dolorosa,
donde comen el pan de un destierro
en las mesas ajenas si sobra;
si tus amplias llanuras bebieran
y saciaran su sed ardorosa
con las aguas de todos tus ríos
sin basuras ni babas atómicas;
si trataras tus primas materias
de una forma eficaz, provechosa;
si tus hijos unieran su esfuerzo
cada cual rezumando su gota,
cambiaríamos la faz de esta tierra
convirtiéndola en rica y hermosa…
¡Basta ya, Extremadura querida,
no consientas tu expolio y deshonra
y conquista tu propio futuro
sin ayudas ajenas, autónoma!
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